La
comunidad cristiana debe ser cada vez más consciente
de la importancia del misterio pascual, liberándolo de
lecturas reduccionistas o apologéticas o meramente espirituales.
En la pascua, la historia del mundo queda envuelta en un nuevo
proceso de transformación que lo proyecta hacia Dios.
Cristo ha roto la prisión de los límites y de
la muerte, del pecado y del fin y ha inaugurado el reino de
la redención y de la gracia. Es necesario llevar la fe
cristiana a su matriz fundamental, evitando las reducciones
a modelos de fe vagamente rituales o filosóficos o sociales
o poéticos
<ver
más...>