La
vocación cristiana es un corte de tajo con frecuencia
doloroso con hábitos, compromisos y con un pasado muy
cómodo. “El justo medio” aparentemente fuente
del equilibrio, con frecuencia aparece como una coartada para
permanecer siempre de pie. Una fe que no cuesta o que solamente
pellizca la superficie de la vida, es sin duda una fe poco genuina.
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