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27
de Junio del 2010
Muy queridos Hermanos y Amigos:
La vocación cristiana es un corte de tajo con
frecuencia doloroso con hábitos, compromisos y con
un pasado muy cómodo. “El justo medio”
aparentemente fuente del equilibrio, con frecuencia aparece
como una coartada para permanecer siempre de pie. Una fe que
no cuesta o que solamente pellizca la superficie de la vida,
es sin duda una fe poco genuina.
La
vocación cristiana por consiguiente es una renuncia
y una separación. El área en la cual se debe
realizar esta fractura se debe realizar en el interior del
corazón y comprende tres zonas: separación de
los bienes materiales, de afectos muy interesados y de indecisiones
y superficialidades. El discípulo aún viviendo
en la trama concreta social se encuentra sin poder apoltronarse,
sin padre y sin la nostalgia del pasado.
La
vocación cristiana es movimiento y libertad. No podemos
estar herméticamente cerrados en nosotros mismos y
ser cristianos, no se puede estar cansado ser muy perezoso
y contemporáneamente ser cristiano, no se puede ser
idólatra y al mismo tiempo cristiano, no se puede ser
burgués, bien satisfecho y autosuficiente y al mismo
tiempo ser cristiano.
Mons.
Hernán Zambrano
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