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de Octubre del 2008
Muy queridos Hermanos y Amigos:
Los emigrantes, las viudas, los huérfanos, los indigentes
son los “privilegiados” de Dios ante los cuales
Él es particularmente sensible. Las injusticias, la
usura, la crueldad contra ellos se convierte en un grito que
sube hasta el cielo para provocarlo. Por desgracia y frecuentemente
también en los regímenes llamados cristianos
“hay gente cuyos dientes son espadas y cuyas muelas
son cuchillos para devorar a los hombres eliminándolos
de la tierra y para quitar a los pobres de en medio de los
hombres” (Prov. 30,14). Dios no es un emperador impasible
e indiferente a las injusticias. La Iglesia no puede ser impasible
e indiferente delante de la corrupción, de la iniquidad,
de la opresión, de las miserias, de las explotaciones,
de las alienaciones y de los imperialismos de todo signo político
y de cada forma de aplicación. R. Alves, teólogo
brasileño de la liberación observa justamente:
“Para que la creación se realice no se deben
de separar el sufrimiento y la esperanza. El sufrimiento es
la espina que impide que nos olvidemos de nuestra tarea política
que debe terminarse ya que está todavía incompleta.
La esperanza es la estrella que indica la ruta a seguir. Sufrimiento
y esperanza viven la una para la otra. El sufrimiento sin
esperanza genera resentimiento y desesperación, la
esperanza sin sufrimiento crea ilusiones, ingenuidad y embriaguez”
(El hijo del mañana” Brescia 1974, p. 205).
2.-
El compromiso por la justicia, el compromiso total ético-social
cristiano se basan en una actitud de la conciencia, en una
actitud global del corazón que Jesús sintetiza
en el Evangelio de hoy con la palabra amor, desafortunadamente
muy mal usada. Esta dimensión radical de cercanía
con el hombre que sufre la provoca el amor; la explicaremos
con las palabras del dolor, basados en una lírica de
Ungaretti muy iluminada y “cristiana”:
“Fa piaga nel Tuo cuore la Osma del dolore
che I’uomo va spargendo sulla terra
Il Tuo cuore e la sede appassionata
Dell’ amore non vano.
Cristo, pensoso palpito,
astro incarnato nelle umane tenebre,
fratello che t’immoli perennemente
per riedificare umanamente I’uomo,
Santo, Santo che soffri,
maestro e fratello e Dio che ci sai deboli,
Santo, Santo che soffri
Per liberare della morte i morti
E sorreggere noi infelici vivi,
ecco Ti chiamo, Santo,
Santo, Santo che soffri”
(Tutte le poesie, a cura di L. Piccioni, Milano 1971, pp.
229-230).
Presentamos
el texto italiano íntegro de Ungaretti para no maltratar
su poesía. La traducción castellana que sigue,
es una traducción “ad sensum”, sin atrevernos
a versificarla.
La suma del dolor que el hombre va esparciendo sobre la tierra
hace una llaga en tu corazón.
Tu corazón es la sede apasionada del amor no vano.
Cristo, latido pensativo, astro encarnado en las tinieblas
humanas,
hermano que te inmolas perennemente para reedificar humanamente
al hombre; Santo, Santo que sufres,
maestro y hermano y Dios que nos sabes débiles;
Santo, Santo que sufres para liberar de la muerte a los muertos
y resucitar a nosotros los infelices vivos,
a Ti te llamo; Santo, Santo, Santo que sufres.
Mons.
Hernán Zambrano
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