Ciclo A

I DOMINGO DE CUARESMA

LECTURAS:

Génesis 2, 7-9; 3, 1-7
Romanos 5, 12-19
Mateo 4, 1-11

Los capítulos 2-3 del Génesis son una grandiosa reflexión sapiencial sobre el hombre de todos los tiempos y de todas las naciones, tomada en sus tres relaciones fundamentales, con Dios (la fe y la teología), con la materia (el trabajo y la ciencia) y con sus semejantes (la sociedad). Se trata de dos mapas opuestos trazados por una antigua tradición bíblica llamada convencionalmente por los estudiosos, tradición Jahvista, que se desarrolló en los inicios de la monarquía en Israel (siglo X a. C). El primer cuadro de este díptico presenta el proyecto de Dios sobre la humanidad y sobre toda la realidad, un diseño entretejido de armonía y de luz (Gn. 2). El capítulo 3, por el contrario, encierra la segunda escena, el proyecto alternativo que el hombre quiere realizar prescindiendo de la propuesta de Dios, y cuyos resultados podemos trágicamente experimentar en la vivencia cotidiana. Estas páginas, propuestas al inicio de la Cuaresma, "signo sacramental de nuestra conversión" (I oración), son una invitación a hacer un examen de conciencia colectivo para volver a colaborar con el plan de Dios.

Todo el leccionario bíblico de hoy, está dividido en dos dimensiones opuestas; éstas se pueden definir este movimiento con el vocablo paulino, presente en el difícil y célebre fragmento de la carta a los Romanos, que corresponde a la segunda lectura de hoy: dos Adanes, dos humanidades se contraponen en la historia. Encontramos al hombre del c.3 del génesis que quiere tomar por sí mismo el fruto del "árbol de la ciencia del bien y del mal"; Esta expresión cargada de color semítico, indica la totalidad de la experiencia moral, (el bien y el mal, son dos polos extremos que engloban toda la esfera moral y religiosa). Adán, el hombre pecador, quiere decidir por sí mismo cual será su bien y su mal, al margen de la definición propuesta por Dios: Él desea construir un proyecto alternativo propio que explique, interprete y razone la realidad de una manera idolátrica, proponiéndose a sí mismo como nuevo y único dios.

"Adán, por consiguiente puede ser cualquiera de nosotros, en cuanto que sucumbimos a las tentaciones de la autosuficiencia y de la autodivinización. Adán puede ser nuestro padre y también nuestro hijo. Adán se constituye en nuestra particular situación existencial de pecadores. La solidaridad de Adán que reúne a todos los hombres de todos los tiempos, se convierte en la totalidad de nuestra condición, marcada por nuestro apego a la tierra" (M. Michel). Pablo, (II lectura) ve esta universalidad de pecado, como una corriente de agua revuelta que todo lo envuelve y todo lo absorbe: "El pecado ha entrado en el mundo, y con el pecado la muerte, y la muerte ha alcanzado a todos los hombres porque todos tienen pecados" (Rm. 5,12). Es la vivencia repetida de Israel, ejemplificada idealmente por la Biblia en el desierto y en la "serpiente", símbolo del culto idolátrico de la fertilidad de los cananeos. Es la propuesta satánica del fragmento de las tentaciones a Jesús (evangelio), que se hace solidario con el hombre aún con el riesgo de la libertad ("si es posible, que pase de mi este cáliz"). Estas tentaciones se proponen conforme a los modelos "adamiticos" y pecaminosos del mesianismo.

La clave para comprender la narración de Mateo debe buscarse propiamente en las citas bíblicas que están en la misma narración, las cuales son tomadas todas del Deuteronomio. En la primera tentación se cita Dt. 8,3, un paso que comenta Ex. 16, "la murmuración" de Israel por la falta de alimento en el desierto: ésta, es la propuesta de un mesianismo terrenal, ligado a la materialidad de las cosas (cfr. Jn. 6, 26). Atendiendo ahora a la segunda propuesta diabólica, Jesús cita Dt. 6,16 que se refiere al pecado de Masá (Ex. 17, 17), lugar en donde Israel quería que Dios le hiciera una señal milagrosa. La tentación de un mesianismo prodigioso, mágico y publicitario, es rechazada por Jesús con cierto fastidio: "Esta generación adúltera y perversa busca un signo, pero no les será dado ninguno…" (Mt. 16, 4). Finalmente la alusión a Dt. 6,13 recuerda en la tercera tentación, la idolatría del bienestar y del poder que ejercitarán una enorme fascinación al Israel sedentario y muy bien instalado en Palestina. Jesús no se compromete a ningún mesianismo político y lo hace declarando su total dedicación al plan de Dios.

Es así como en Jesucristo nace el otro Adán, el hombre perfecto y fiel. El Adán del capítulo 2 del Génesis cuya fisonomía teníamos corrupta por el pecado, ahora vuelve a resplandecer en el horizonte de nuestra historia. Como escribe Pablo, es una corriente de bien y de justicia mucho más potente y transformadora que aquella del mal: "Si por el delito de uno solo, murieron todos, cuanto más la gracia de Dios y el don otorgado por la gracia de un solo hombre, Jesucristo, se ha desbordado sobre todos" (Rm. 5,15: II lectura"). Jesús, reuniendo en sí mismo todas las características del hombre repite la experiencia de Adán frente a la alternativa de Satanás. Jesús resumiendo en sí mismo las características de Israel, recorre el itinerario de Israel tentado en el aislamiento del desierto. Jesús reuniendo en sí "todas nuestras debilidades" (Hebr.4, 15), repite nuestra diaria experiencia de hombres frente a las propuestas de orgullo, de egoísmo y de poder.

Entonces reaparece, después de la galería oscura de la prueba, como un signo de la nueva humanidad, "el nuevo Adán, espíritu que da la vida" (I Cor. 15, 45). La cuaresma, "tiempo favorable para nuestra salvación" (oración sobre las ofrendas), debería ver la historia de nuestra transformación del Adán pecador al Adán fiel, verdadera "imagen de Dios" (Gn. 1, 26).

SUGERENCIAS PASTORALES

1. La decisión libre está en la raíz de nuestra historia, es nuestra grandeza y también nuestro riesgo. Graham Greene, romancero famoso y de fe católica escribía: "También el cristiano como cualquier hombre, vive en un territorio fronterizo entre el Bien y el Mal en una zona de alto peligro". Uno de los signos de madurez humana y cristiana, consiste en reconquistar el sentido de la propia libertad, de la propia grandeza y del peligro que existe en nosotros mismos, y en captar el sentido de la doble personalidad "adamítica" que se nos ofrece. La cuaresma es el momento ideal para este llamado a la conciencia.

2. La tentación es el mecanismo que describe la acción de la libertad y su ejercicio, y que como tal, también es propia de Cristo que es un hombre verdaderamente libre. "La tentación de los panes" se soluciona con la adhesión a la palabra de Dios y a su propuesta. "La tentación del templo" se soluciona con el rechazo de la seudo-religión que en vez de servir a Dios, pretende más bien servirse de Dios. "La tentación del monte" se soluciona con el rechazo del poder opresivo y egoísta y con el amor por el único señorío de Dios. Tres tentaciones que en vez de producir magia, infidelidad u orgullo, producen en Jesucristo, fe, amor y abandono al proyecto salvífico Divino. En esta biografía espiritual de Jesús se puede y se debe medir nuestra propia biografía.

3. La historia humana por desgracia conoce el pecado, como subrayan las primeras dos lecturas. Es muy importante lanzar una severa acusación contra nosotros mismos y nuestra locura, de la cual Dios y el cosmos son espectadores. Sin embargo debe permanecer en nosotros un último residuo de fe tanto en nosotros mismos como en la humanidad entera. P. Evdokimov, destacado teólogo ortodoxo afirma: "ningún mal alcanzará jamás a cancelar el misterio inicial del hombre, porque nunca habrá nada que pueda borrar la marca indeleble de Dios… Los sacramentos reconstruyen la naturaleza primaria del hombre: el Espíritu Santo se nos restituye en la consagración bautismal y en la unción con el crisma. La penitencia es un tratamiento terapéutico de purificación y la eucaristía nos aporta el fermento de la inmortalidad. El poder mismo de la resurrección se une a la naturaleza humana" (Sacramento dell' amore, Sotto il Monte- Bergamo s.a., p. 79).

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