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DOMINGO DE CUARESMA
LECTURAS:
Génesis
12, 1- 4a 2
Timoteo 1, 8b-10
Mateo 17, 1-9
"Porque Cristo nuestro Señor después de
anunciar su muerte, manifestó su gloria sobre el monte
santo, y poniendo por testigos la ley y los profetas, indicó
a los apóstoles que solamente a través de la
pasión podemos alcanzar con Él, el triunfo de
la resurrección". Este fragmento que constituye
la parte central del prefacio, es como la clave de lectura
de la liturgia de la palabra de hoy. La transfiguración
se sitúa así, en el contexto más amplio
de toda la vida de Cristo. En el evento señalado por
la "confesión" de fe de Pedro en Cesarea,
Jesús abre un horizonte nuevo delante de sus discípulos:
"Desde entonces comenzó Jesús a manifestar
a sus discípulos que el debía ir a Jerusalén,
y sufrir mucho de parte de los ancianos, los sumos sacerdotes
y los escribas, y ser matado y resucitar al tercer día"
(Mt. 16,21). Es el primero de los tres anuncios de la pascua,
y la transfiguración no es más que la acción
simbólica que pre-dice la Pascua: las palabras y los
gestos de Jesús están por consiguiente, orientados
hacia la revelación del misterio de la Salvación
que se encuentra en el umbral de su realización.
Sin
embargo aunque en el evento, la voz es el elemento fundamental:
"Este es mi hijo amado, en quien me complazco; escuchadle"
(Mt. 17,5), en el evangelio, esta "voz" resuena
en tres escenas dispuestas simétricamente, de tal modo
que se puede construir una especie de estructura o esqueleto
de la existencia terrena de Jesús. Al principio, en
el bautismo, una voz del cielo dice "Este es mi hijo
amado en quien me complazco" (Mt. 3,17); Al final, cuando
Cristo es elevado en la Cruz de frente al mundo, el centurión
exclama: "Verdaderamente este era hijo de Dios"
(Mt. 27, 54). En el centro de la vida de Jesús, encontramos
la misma "voz" que proclama la filiación
divina de Cristo. Examinando cuidadosamente esta declaración
aparecen inmediatamente algunas referencias explícitas
o alusivas al A.T., que constituyen prácticamente su
interpretación. Analicemos una por una atentamente:
-Sal.
2, 7 "Tú eres mi hijo. El salmo real usado en
la entronización de los reyes Hebreos, ahora se aplica
de Cristo verdadero rey y verdadero hijo de Dios.
-Is.
42, 1 "He aquí mi siervo en quien yo me sostengo,
mi elegido en quien se complace mi alma". Es el inicio
del primer canto del Siervo de Jahweh, figura mesiánica
que con su pasión y muerte libra al hombre del mal.
-
Dt. 18, 15 "Yahvéh tu Dios suscitará, de
en medio de ti, entre tus hermanos, un profeta como yo, a
quien escucharéis". Jesús es el verdadero
profeta, el verdadero Moisés. La transfiguración,
en efecto, está ambientada en un escenario (mosaico),
(monte alto, rostro resplandeciente, nube, Moisés que
aparece).
La
"voz" es por lo tanto la gran proclamación
que el Padre hace de la verdadera realidad mesiánica
y divina del Hijo, y los discípulos quedan invitados
a descubrir quien sea verdaderamente Jesús, quedan
invitados a caminar con El a la Pascua, no obstante que tengan
que recorrer el oscuro itinerario de la pasión. En
efecto, hay una frase muy significativa en el v.7: "levantaos,
no teman". El verbo "levantarse" en griego,
es el mismo verbo que se usa para indicar la resurrección
y "no teman" es la palabra que el Resucitado pronuncia
en las apariciones. "Por tanto, también nosotros,
teniendo en torno nuestro tan grande nube de testigos, sacudamos
todo lastre y el pecado que nos asedia, y corramos con constancia
la carrera que se nos propone, fijos los ojos en Jesús,
el que inicia y consuma la fe, el cual, por el gozo que se
le proponía, soportó la cruz sin miedo a la
ignominia, y está sentado a la diestra del trono de
Dios" (Heb. 12, 1-2).
Esta
preparación para seguir el llamamiento de Cristo, se
concretiza en el acogimiento lineal de la propia vocación
por parte de Abraham. El esquema usado en Gn 12, 1-4 (I lectura)
de la llamada Tradición Jahvista, está tomado
del mundo militar: A la orden del Señor ("vete
de tu país"), corresponde la pronta e inmediata
ejecución por parte de Abraham ("Abraham partió
como se lo había ordenado el Señor"). Este
es el modelo más total del seguimiento de Cristo, fundado
por completo sobre la espontaneidad y sobre la donación
total sin llantos ni miedos.
El
Señor no abandonará jamás a este servidor
fiel de la Palabra, marchará a un lado de su soldado,
como recuerda san Pablo a su colaborador Timoteo (II lectura):
"Tú también sufre por el evangelio, ayudado
por la fuerza de Dios. Él en efecto, nos ha llamado
con una vocación santa según la gracia que nos
ha sido dada en Cristo Jesús". Y en la meta de
nuestro itinerario se destaca Cristo glorioso que hemos visto
hoy por un instante en el esplendor de su divinidad: "Quien
ha destruido a la muerte y ha hecho irradiar vida e inmortalidad
por medio del Evangelio" (II Tim. 2,10).
SUGERENCIAS
PASTORALES
1. La vocación de Jesús a
la cruz y a la gloria, domina en el evangelio de la Transfiguración.
Cristo en cuanto que es hijo amado y Siervo fiel, es la
verdadera tienda de la presencia, del encuentro y de la
salvación de Dios. En el centro de nuestra liturgia,
de nuestra espiritualidad y de nuestra pastoral, debe brillar
sobre todo y sobre todos, el rostro de Cristo.
Es por consiguiente, indispensable una vigorosa y rigurosa
catequesis cristológica.
2. La vocación de Abraham, que como
aquella de Jesús, viene de Dios, se presenta sustancialmente
como un riesgo y como una rápida decisión.
"Abraham partió, como le había ordenado
el Señor". En contra de la sordera y de la pereza,
la figura de Abraham es el emblema de la adhesión
efectiva y gozosa. Aunque el futuro sea oscuro, la mano
de Dios está con él. Un proverbio nigeriano
afirma: "Existe una historia pero yo no la conozco
del todo, la se solamente en parte". Sólo Dios
la conoce totalmente.
3. La vocación del cristiano, como
recuerda Pablo a Timoteo es un llamado de la gracia a la
santidad, a la vida y a la inmortalidad, es decir, a la
comunión misma con Dios. Como nuestro destino es
la gloria pascual por Jesucristo.
Sería muy útil meditar el n.42 de la Lumen
Gentium en donde se traza la fisonomía de la santidad
cristiana juntamente con el camino para alcanzarla en la
caridad, en los sacramentos, sobre todo en la Eucaristía,
en el "martirio", en los consejos evangélicos,
sobre todo en la pobreza y en el propio estado de vida.
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Aviso
legal.
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