| III
DOMINGO DE CUARESMA
LECTURAS:
Éxodo
20,1-17
I Corintios 1,22-25
Juan 2,13-2
En
las lecturas de hoy encontramos tres textos clásicos
de la Liturgia y de la meditación Cuaresmal y Pascual.
Los seguiremos según su articulación lógica.
Como base se encuentra el Decálogo, "La Carta
Magna" de la Alianza Sinaítica, el compromiso
solemne que define y delinea la verdadera fisonomía
del creyente. Las 10 Palabras de la propuesta de Dios y de
la respuesta del hombre están articuladas a través
de dos direcciones: una vertical (hombre-Dios), la otra horizontal
(hombre-hombre). Dos líneas que se cruzan precisamente
en el corazón, es decir en la conciencia del hombre.
La primera Palabra, llamada también Mandamiento principal
(Ex 20,2-6), es la base y el sostén de las otras nueve.
Dios se liga a un compromiso, el don de la libertad que continuará
ofreciendo al hombre como un día lo ofreció
a Israel "haciéndolo salir del país de
Egipto, de su condición de esclavitud" (v.2).
Israel responde con la adhesión de una fe pura (el
monoteísmo: v3), no mágica (el rechazo de las
imágenes, siendo el rostro del hombre, del hermano
la verdadera imagen de Dios: v. 4 y Gen 1,27), litúrgica
(el postrarse del v.5). Y también si Dios es por excelencia
El Justo, sin embargo en relación con su pueblo no
aplicará jamás la rígida norma de la
justicia: un castigo que se extiende a cuatro generaciones,
una gracia que se extiende hasta la milésima generación
(v.6).
Encontramos
después la secuencia de los otros compromisos. El segundo
mandamiento no es tanto un ataque a la blasfemia que era casi
inconcebible en el mundo semítico, sino más
bien una condenación de la reducción de la divinidad
a "la vanidad", es decir al ídolo: es un
acto de acusación contra todos los desvíos de
la religión (v. 7). La tercera Palabra es la exaltación
del culto (el sábado) visto como posibilidad para el
hombre de entrar "en el descanso" de Dios, es decir
en la eternidad: haciendo oración, el hombre, que es
siempre criatura imperfecta (fue creada "el sexto día",
símbolo de la imperfección), entra en la intimidad
con Dios y participa de su perfección y de su gloria.
El derecho a la vida social está codificada por la
cuarta prescripción: el padre y la madre son el símbolo
de todas las relaciones sociales que deben ser vividas con
compromiso y pasión. El derecho a la vida y al matrimonio
son los contenidos de los dos mandamientos siguientes (vv.13-14).
"No robar" quizás debe mejor traducirse con
"no hacer esclava a una persona" y es, por lo tanto,
la celebración del derecho a la libertad. El derecho
al honor está afirmado en la prohibición del
"falso testimonio" procesal (v. 16), mientras que
el derecho a la autonomía, a la independencia, a un
espacio creativo y de posesión propia, está
afirmado por los dos mandamientos finales (v. 17). Esta solemne
página del Sinaí podría ser el esbozo
sintético de nuestro examen cuaresmal para reencontrar,
en la conversión, a Dios, a nuestro propio yo y a nuestro
próximo.
Si
esta primera lectura es el retrato del creyente, las otras
dos son la definición del objeto del creer, o mejor
dicho la descripción del retrato de la persona a quien
se debe creer: Cristo. Pablo lo describe en forma polémica
oponiéndose a las concepciones intelectualistas de
Corinto, según las cuales el Cristianismo no era más
que un sistema ideológico muy cualificado, que aceptándolo,
se tenía asegurada la salvación. En realidad,
dice el Apóstol, en el centro del Kerigma Cristiano,
se encuentra un Dios que presentado de tal forma que causa
escándalo, porque quiere estar cerca del hombre, hasta
el grado de alcanzar el nivel más bajo, la muerte de
esclavo. Por eso el Cristianismo contradice a aquellos que,
como los judíos, quieren una religión no peligrosa,
basada en los parámetros bien precisos de seguridad
(Mt 18,38) y contradice a aquellos que como los griegos, quieren
una economía de salvación basada en una sabiduría
científica y racional. A éstos Pablo opone la
figura del Cristo crucificado, escándalo para ellos,
pero fuerza salvadora y sabiduría auténtica
para los que creen, porque es precisamente en este acto supremo
de la libertad y del amor de Dios donde se hacen presentes
la salvación y la liberación del hombre.
También
Jesús, en el gesto simbólico de la purificación
del Templo de los intereses económicos (cfr. Jer. 7),
opone a una religión superficial e interesada, la pureza
de la fe en su Persona (Jn 2,13-25 Evangelio). Dios no puede
estar presente en un templo material cuando éste ya
no es el lugar del encuentro, "la tienda o morada de
la Alianza", según la feliz definición
del Pentateuco, sino que se ha convertido en un centro de
magia, de superstición y de obscuros intereses. Dios
está presente de una manera nueva y perfecta en "la
tienda o morada de carne" de la humanidad del HIJO (Jn
1, 14). Es Él el nuevo Templo. "El hablaba del
Templo de su Cuerpo" (2, 21). Para acoger y vivir esta
nueva Presencia, es necesario "recordar" (2, 22):
que la palabra, en San Juan, indica la experiencia de la fe
madura y pascual ("cuando resucitó de entre los
muertos"). Solamente con esta "sabiduría"
pascual lograremos reconocer a Cristo. No buscaremos a Dios
más allá del velo del templo, ya partido y por
lo tanto "desvelado" (Mt 27,51), ni en el templo
de piedra porque hay "Alguien" superior al templo
(Mt 12, 6). Lo buscaremos, de hecho, en este "Alguien",
el Cristo glorioso que es la plenitud del templo, ya anunciado
en el Antiguo Testamento: "Habitaré en medio de
los hijos de Israel y seré su Dios. Y ellos conocerán
que soy el Señor su Dios, que los ha sacado del país
de Egipto, para habitar en medio de ellos. Yo el Señor
su Dios" (Ex 29, 45-46).
SUGERENCIAS
PASTORALES
1. "Sean perfectos como es perfecto
vuestro Padre celestial" (Mt 5,48): La Cuaresma es
la verificación de un compromiso espiritual no tanto
sobre un modelo de santo, sino sobre Dios mismo.
El cristiano tiene por eso un ideal infinito y es por esto
que nunca debe considerar la religión como un impuesto
pagado realizado solamente con un gesto de caridad o con
un acto litúrgico.
2. En el centro de la espiritualidad cristiana
está, como nos los lo recuerda San Pablo, El Cristo
Crucificado, nuestra sabiduría y fuerza. El examen
cuaresmal debe actualizarse sobre el evangelio como un test
que no podemos eliminar.
3. El área para examinarse a uno
mismo y en la cual debemos alimentar la propia espiritualidad,
no es el culto en cuanto tal, sino "el templo de carne",
es decir la fe hecha vida en la vida. El sentido cristiano
del templo y el misterio de la redención en la historia,
dan valor al compromiso concreto y cotidiano en el templo
de carne de la vida humana. Como decía el famoso
teólogo Cullmann, "la venida de Cristo al mundo,
su muerte y su pascua señalan la batalla definitiva.
Ahora nosotros estamos en espera y colaboramos para el "Victory
Day", para el día de la victoria en que Dios
será todo en todos.
4. El examen de la existencia cristiana
tiene un texto privilegiado en el Decálogo que la
Liturgia nos hace meditar hoy. Este es un proyecto perfecto
de nuestras relaciones con Dios y con el prójimo.
Así Lutero mismo concluía una de sus "Lecciones
de catecismo": No hay espejo mejor en que tú
puedas ver aquello de lo que tu tienes necesidad, sino precisamente
los Diez Mandamientos en los que encuentras lo que te falta
y lo que debes buscar".
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Aviso
legal.
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