Ciclo A

VI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

LECTURAS:

Sirácide 15, 16-21 (griego vv. 15-20)
1 Corintios 2, 6-10
Mateo 5, 17-37

La guía que dirige todo el leccionario de este domingo, hay que buscarla en la célebre página de la antítesis en la que Jesús, más que "abolir" la ley del Antiguo Testamento, la conduce hacia su plenitud. En efecto, Jesús la separa de la óptica "cuantitativa" y de la perspectiva legalista para introducirla en una dimensión cualitativa de total acción y donación. La estructura de la perícopa de hoy se puede definir de la siguiente manera:

  • Jesús y la Ley: Valor auténtico a la fidelidad a la misma (vv. 17- 20).
  • La Antítesis. El texto comprende los vv. 21-48 del c. 5.

Nosotros leemos hoy los vv. 21-37 que se distribuyen según los siguientes temas:

  • Homicidio (vv21-26)
  • Adulterio (vv27-30)
  • Divorcio (vv31-32)
  • Juramentos (vv33-37)

Para el desarrollo de estos temas naturalmente sería necesario un largo discurso exegético y teológico que nos ofrecen los varios comentarios a San Mateo y particularmente de aquellos más específicos sobre el Sermón de la Montaña. Enseguida indicaremos una vía de investigación y de profundización.

La Ley del Antiguo Testamento ahora se cumple en Jesús que es su intérprete y promulgador definitivo: Él hace resaltar la calidad profunda de la voluntad de Dios; también manifiesta las intenciones originales de Dios y realiza sus dimensiones auténticas: Es precisamente lo que San Mateo define con el verbo plêroún, que es el término de la "plenitud", que es más que un simple compromiso de cumplir la ley. Bajo esta luz se comprende también la alusión simbólica a la letra del alfabeto hebraico jod, y el vértice diacrítico necesario de algunas consonantes hebreas. La Ley se apoya en un compromiso no formal pero radical. Para pertenecer al reino de Dios es indispensable vivir una fidelidad y una coherencia total a la voluntad de Dios tal como la propone Jesús. La siguiente serie de antítesis es un ejemplo del modo de actuar esta voluntad para poder participar en la salvación del reino.

El esquema de la antítesis es fijo y corresponde a lo siguiente: primero, cita de un texto bíblico, después un comentario interpretativo, y finalmente la oposición con una interpretación nueva y radical. La antítesis sobre el homicidio y la reconciliación (vv21-26) está centrada sobre la preocupación por el perdón y el amor fraterno, y tiene su vértice en la célebre "liturgia de entrada" de los vv. 23-24. En el espíritu de la conexión entre culto y vida subrayada por la teología profética y por el Salterio (Am. 5; Os, 6,6; Is, 1; Jer, 7; Sal, 50; cfr. 15 y 26), Jesús demanda paradójicamente que el cristiano no se acerque al culto si primero no se ha puesto totalmente en armonía con su prójimo. Es terrible esta indicación si pensamos en la red de divisiones y de sutilezas que esparcimos en nuestras asambleas eucarísticas: "Porque hay un solo pan, nosotros, siendo muchos, somos un solo cuerpo… de lo contrario os reunís para vuestra condenación" (1Cor, 10, 17; 11,34). La segunda antítesis se refiere al adulterio y al escándalo (vv. 27-30). Llevando el matrimonio a la totalidad de su donación y a la pureza a su rigor profundo interior, Jesús enfatiza la conciencia y la decisión. Así el verbo "desear", en el espíritu del A.T. nos recuerda que el mecanismo de la voluntad y de la elección personal, aunque no llegue a la acción, es ya de hecho una opción y un acto negativo. Así la raíz del mal, puesto en la conciencia que "ve", elige, opera y se orienta, debe ser definitivamente truncada.

La tercera antítesis se refiere al problema del divorcio (vv. 31-32). Mucho más allá del famoso inciso de San Mateo ( "excepto el caso de porneia", muy libremente traducido por la Conferencia Episcopal Italiana como "excepto en el caso de concubinato") que probablemente refleja una adaptación pastoral hecha por la comunidad de San Mateo (ver Cayetano Marucci, Las Palabras de Jesús sobre el Divorcio, Morcelliana 1982), es sin duda ninguna, la forma como Jesús quiere devolver al matrimonio su sentido, con todo su esplendor de donación total y gozosa y como un signo del amor mismo de Dios. La última antítesis del evangelio de hoy se refiere a los juramentos (vv33-37), que en una sociedad de cultura de transmisión oral, éstos eran los símbolos de las relaciones interpersonales y sociopolíticas. La norma de las relaciones intracomunitarias en la iglesia son la sinceridad y la veracidad absolutas. Jesús simplemente se mostró alérgico frente a la hipocresía, malicia, falsedad, una casuística legalista, y las manipulaciones.

Una vez trazado este primer gran esbozo de la hermenéutica cristiana de la Ley, podemos ahora examinar el texto de Sirácide, que aparece como la primera lectura y que se adapta muy bien para ofrecernos una especie de síntesis de la actitud con la cual debe leerse el compromiso propuesto por Jesús. El hombre con su libertad se establece frente a dos vías que son muy apreciadas por la literatura sapiencial, las vías del bien y del mal. Jesús ha venido a proponer al hombre una opción clara para llegar a su reino. En la vida hay opciones secundarias que se insertan en la vida concreta ("el fuego y el agua") y también hay opciones primarias a nivel ético y existencial ("la vida y la muerte") y el Sirácide, y también el mismo Jesús, se lanzan precisamente a estas opciones. Sus palabras son un llamado a la conciencia y a la opción por el bien.

Esta es la sabiduría cristiana de la cual San Pablo habla en la sesión teórica de la 1 Cor. que hoy presenta el leccionario. Dios ha revelado su proyecto admirable de salvación, "la sabiduría divina, misteriosa, escondida, y que existe desde todos los siglos". Y es precisamente aceptando y colaborando con este designio de salvación como se puede ingresar en la "profundidad de Dios". Si refutamos esta sabiduría, nos hacemos como aquellos que "han crucificado al rey de la gloria". La fe y el rechazo se encuentran en este pasaje paulino, que como los demás textos del leccionario de hoy, se transforman en un llamado a la opción por Dios, profunda y total, por el bien y por la sabiduría.


SUGERENCIAS PASTORALES

1. "Yo creo que si un día yo me hago cristiano en serio, deberé avergonzarme sobretodo no de no haberme convertido antes, sino más bien de haber intentado todas las salidas". Así escribía el filósofo danés Kierkegaard en su Diario (8-12-1837). El cristiano hoy se ve asediado por la palabra de Cristo y es invitado a la opción seria, radical, operativa y personal por el reino.

2. El texto evangélico nos delinea también una serie de compromisos concretos en los cuales debemos encarnar nuestra opción: El amor, la honestidad y la verdad. El Salmo Responsorial de hoy, el célebre Canto de la Ley (Sal, 118/119), nos recuerda repetidamente que la opción por la Ley significa adhesión vital en el camino de la existencia, significa una praxis moral: "Enséñame Señor el camino de tus preceptos y yo los seguiré hasta el final". Jesús nos exhorta a "observar los preceptos" en el lenguaje existencial propio del Deuteronomio.

3. Cristo con el Sermón de la Montaña nos invita a romper los llamados lugares comunes, las ideas "moderadas" y vagas, empastadas de religiosidad inofensiva y nos invita a descubrir la palabra desnuda de la donación, del amor y del compromiso serio y total. Acabamos de citar una idea tomada del Diario de Kierkegaard; ahora queremos recoger otra igualmente iluminadora, tomada de sus notas 6-7-1838: "Las ideas fijas son como los calambres para los pies: el mejor remedio es caminar sobre ellos". Cristo nos invita a seguirlo dejando atrás nuestras cómodas ideas fijas sobre las cuales con frecuencia construimos un cristianismo incoloro e insípido.

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