| VII
DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
LECTURAS:
Levítico
19, 1-2.17-18 1
Corintios 3, 16-23
Mateo 5, 38-48
El
punto de partida de nuestra reflexión debe ser una
vez más, la perícopa extraída del Sermón
de la Montaña, que es una página fundamental
del cristianismo que estamos leyendo durante estos domingos.
El fragmento de hoy está temáticamente bien
compactado, construido sobre el tema del perdón y del
amor. Las antítesis, como ya vimos el domingo pasado,
constituyen una componente relevante de la propuesta de Jesús
y precisamente aquí alcanzan su convergencia. En el
texto mismo podemos distinguir dos sectores. El primero está
dedicado al perdón y se desarrolla en torno a las normas
éticas y muy nobles del la justicia retributiva llamada
comúnmente ley del talión (vv. 38-42). Acostumbrados
erróneamente a considerarla como "ley de la venganza",
en realidad es el fundamento del derecho antiguo y moderno
y se rige sobre la justicia distributiva y sobre la reintegración
proporcional del derecho lesionado (Ex. 21, 23-25). Todavía
más, la violación de esta norma equivale a la
expulsión de la estructura social. Jesús, sin
tratar de la constitución de una norma jurídica
o social o solamente ética quiere adelantar una propuesta
teológica e interior (en el sentido existencial del
término), radicaliza el discurso proponiendo un modelo
que debe sostener la vida personal y social del cristiano
y de la Iglesia.
Jesús
presenta este modelo con una serie de ejemplos paradójicos
tomados de la práctica completa de los judíos.
La bofetada en la mejilla la consideraban los judíos
como un acto particularmente ofensivo. La norma que trata
sobre el empeño Ex. 22, 25-26 ("si tomas en prenda
el manto de tu prójimo, se lo devolverás al
ponerse el sol
"). También la petición
de impuestos de parte de los militares supone el estado de
ocupación de Palestina. Mientras que el ejemplo sobre
el préstamo se refiere a la gratuidad del las cosas
prestadas para los indigentes como nos sugiere Ex. 21, 24.
"La propuesta evangélica se contrapone a una concesión
codificada y estática de las relaciones humanas en
donde el ideal es el orden instaurado a cualquier costo. La
alternativa de Jesús no es simplemente la no violencia;
sino que es una estrategia activa, innovadora y abierta que
se explica en los cuatro ejemplos paradójicos de no
violencia, que busca crear una relación nueva con el
adversario, librándolo de su lógica y práctica
de malicia y de injusticia violenta" (R. Fabris). Por
consiguiente se trata de una guía de fondo de la conciencia
personal y social más que de una propuesta sistemática
o de un modelo operativo.
La
segunda parte (vv.43-48) es por el contrario y en positivo,
un canto del amor al enemigo. Esta es la gran propuesta de
la ética cristiana, una propuesta que no conoce confines,
casos, reducciones, o distinciones sino que tiende idealmente
a la "perfección" misma de Dios en una totalidad
absoluta. Así como el amor de Dios se difunde en plenitud,
igualmente el discípulo debe tender a una lógica
"no económica" e "irracional" del
amor superando toda reserva y barrera. Este imperativo evangélico
se ejemplifica a través de la oración por los
que persiguen y el saludo dirigido a los adversarios. El amor
por los enemigos fluye de la paternidad universal de Dios
y debe concretarse en el diario vivir. Por consiguiente, no
se trata de un acto de filantropía genérica,
sino del amor teológico que nace de la fe cristiana
y que la actúa.
El
leccionario aproxima a las páginas evangélicas
un párrafo muy intenso del Levítico que puede
constituir una "anticipación evangélica".
La diversidad permanece íntegra porque el horizonte
supuesto por el libro es el hebraico y no es ciertamente el
horizonte universal. Los paralelos son evidentes. Jesús
había declarado: "Sed perfectos como vuestro Padre".
El Levítico afirma: "Sed santos porque Yo, el
Señor vuestro Dios, soy santo". Jesús había
superado la ley de la rígida justicia vindicativa.
También el Levítico trata de afinarla: "No
te vengues y no sufrirás rencores". Jesús
había proclamado el amor pleno por los hermanos aunque
fueran enemigos. El Levítico afirma con una sensibilidad
muy viva: "No tendrás odio contra tu hermano
amarás
al prójimo como a ti mismo". La línea del
amor todavía empobrecido por el exclusivismo religioso
y racial, ahora se abre a la palabra de Cristo que llevará
la ley a su plenitud.
En
la trayectoria "vertical" del leccionario está
la lectura continua de la 1 Cor. Que hoy llega a una sesión
del c.3 que puede ser integrada en el discurso general sobre
la caridad propuesto por las otras perícopas. Hay tres
elementos que nos pueden orientar en esta celebración
del amor hacia el hombre. Principalmente la teología
del templo de Dios que es el cuerpo y la existencia de cada
criatura, en particular de cada cristiano. En segundo lugar
la exaltación de la sabiduría cristiana que
es completamente diversa a los criterios de este mundo. Y
la sabiduría cristiana se compendia en la figura de
Cristo crucificado por amor. Por último la pertenencia
de todos a Cristo y a Dios: "Vosotros sois de Cristo
y Cristo es de Dios". Bajo esta luz el amor concreto
y total es el signo del verdadero culto ("templo de Dios")
es la verdadera "ideología" cristiana ("sabiduría
que no es de este mundo"), es la raíz de la mística
por la cual todos pertenecemos a Cristo en la armonía
de la creación renovada, salvada y redimida.
SUGERENCIAS
PASTORALES
1.
La constante proposición de la moral del perdón,
de la no violencia, de la paz, debe ser algo específico
del anuncio cristiano. Es muy triste ver el odio, la aspereza,
la mezquindad de la burguesía, la dureza polémica,
la incapacidad para el diálogo y la obsesión
de muchos cristianos.
2.
El amor debe encarnarse en decisiones cotidianas y del trabajo.
Está hecho de saludos, de oraciones por los demás,
de pequeños gestos, de vasos de agua, de préstamos,
de atenciones, de tolerancia. La apertura del corazón
significa también una desmitificación de sí
mismo, de las propias defensas del propio orgullo y una
búsqueda constante hacia la esencia de las cosas.
En el Diario que en otras ocasiones hemos citado, Kierkegaard
(24-12-1838) anotaba: "Haz Señor, que nuestras
palabras no sean como las flores del campo que hoy están
y mañana son tiradas al fuego: Aunque su esplendor
fuese más grande que el de Salomón".
3.
La perfección cristiana no se alcanza con actos de
culto, con palabras solemnes de juicio ni con rigorismos
acéticos. A ella se llega con el amor continuo y
total. La educación para el amor debe realizarse
ya en los niños, debe alimentarse en las inquietudes
juveniles, después profundizarse en la vida familiar
y exaltarse en la experiencia eclesial. "El cristianismo
no es una forma de autorrealización. Jesús
no era Narciso. El evangelio presupone que yo renuncie a
mí mismo, que mi corazón no se incline sobre
sí mismo y que yo acepte las posibilidades que se
derivan de mi nueva orientación hacia los demás.
El evangelio no es concéntrico sino excéntrico"
H. Cox, La svolta ad Oriente, Brescia 1978, p. 97).
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Aviso
legal.
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