Ciclo A

XIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

LECTURAS:

Zacarías 9, 9-10
Romanos 8, 9.11-13
Mateo 11, 25-30

El evangelio de los pobres, llamado también por los sinópticos: "Juanino" es la más bella síntesis mesiánica, es la gran revelación del misterio de Dios, es un himno de júbilo. Esta y otras definiciones que se atribuyen al evangelio de este domingo, nos hacen intuir la importancia que reviste y la riqueza teológica que contiene. Ubicándonos en el contexto de rechazo que sufre Jesús por parte de la clase de los pensadores y de la aristocracia hebraica (Mt. 11, 20-24) los marginados, los pobres, los sencillos son elegidos como los compañeros ideales de viaje y amigos de Jesús y es precisamente a ellos a quienes revela en su intimidad el misterio de su misión de salvación y los secretos de su corazón.

El texto está compuesto por tres estrofas solemnes semejantes a un himno de alabanza. La primera estrofa es una bendición-acción-de-gracias (vv.25-26). El misterio del reino, es decir, el proyecto salvífico que Dios está actuando en la persona de Cristo, ahora es revelado a los humildes y a los pobres precisamente porque la persona misma de Jesús es humilde y pobre. Hay una antítesis atractiva en el centro mismo de la oración: Por una parte el Padre tiene la soberanía universal y abarca cielo y tierra, es decir, todo el ser; al Hijo "le ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra" (Mt. 28, 18), también le ha sido dado "lo que le place" al Padre. Y por otra parte al Padre y al Hijo les place la "sencillez" del fiel y la actitud radical de las bienaventuranzas, que con la apertura de su corazón, permiten la infusión de la gracia y de la revelación.

El centro de la segunda estrofa (v28) está formada por el conocimiento total y recíproco entre el Padre y el Hijo. Moisés quería ver el rostro del Señor, sin embargo la respuesta fue inapelable: "Tú no puedes ver mi rostro porque ningún hombre puede verme y permanecer vivo" (Ex. 33,29). Jesús habla, por el contrario, de la intimidad total con el Padre y quita la distancia que para el hombre era absolutamente infranqueable. Nosotros nunca podremos conocer a Dios, sin embargo el Hijo sí lo conoce, por tener la misma naturaleza que lo une al Padre. Él, hecho hombre como nosotros, puede abrirnos este inmenso horizonte de luz. Dios, con su sabiduría insondable, abre su velo y revela a los que tienen ojos y corazón puro su verdadero rostro, presente en Jesús de Nazaret. (Job. 28, 25-28; Sir. 1, 1-10).

La tercera estrofa de los vv.28-30 contiene un llamado a todos los débiles y los pobres para que entren en el seguimiento de Jesús, que es la verdadera y definitiva sabiduría (se citan: Sir.51, 23. 26-27). La imagen del "yugo" se usaba para indicar la ley que el Señor había impuesto a Israel. Jesús la vuelve a proponer, pero le quita todo su aspecto de carga, de triunfo, de imposición y la usa en un sentido mucho más "dulce" y por consiguiente más comprometedor. El castillo de casuística moral de los judíos, ahora queda simplificado a un compromiso totalizante: el yugo del amor. La relación con Dios ya no se regula más por el terror, sino que ahora es una relación filial y espontánea y precisamente por esto se convierte en más exigente.

La figura del Mesías está cargada de ternura y de bondad. Él se ofrece no como un conquistador, sino como un modelo de humildad y de donación. Su realeza se cumple sobre el trono de la cruz, como nos enseña la teología de San Juan. Precisamente a este retrato mesiánico se une el célebre pasaje del llamado Segundo Zacarías, autor que vivió entre los siglos IV y III A.C.: "He aquí que viene a ti el Rey… humilde, cabalgando en un asno… hará desaparecer los carruajes… y el arco de guerra se destruirá y anunciará la paz a los gentiles" (Zac 9, 9-10; I lectura). El profeta ve al Salvador de Israel como un anunciante y un constructor de la paz abandonando las armas, y dejando todo sueño de mesianismo político y de triunfo. Ahora se comprende porqué la multitud de los sencillos, de los humildes y de los que sufren se encuentran en este Mesías-Jesús. En él encontrarán reposo (Mt. 11, 28.30), es decir, encontrarán la gran felicidad mesiánica que nada más él puede dar y no el mundo (Jn. 14, 27). La comunidad de los "sencillos" que ha descubierto el misterio del Reino y que quiere alcanzar "el reposo a sus fatigas" (Ap. 14, 13) debe seguir el camino de Jesús, "el buen camino que tomándolo encontrarán la paz para vuestras almas" (Jer. 6,16).

En este domingo y en los próximos, vamos a escuchar fragmentos de c.8 de la carta a los Romanos. Se trata de una página muy densa y muy elevada teológicamente, avalada también por la pasión y por la fe del apóstol. He aquí un plano esquemático esencial. San Pablo presenta principalmente los dos principios fundamentales que animan al hombre justificado en la fe por Dios: "El Espíritu de vida" (vv.1-13) y la filiación divina (vv.14-30). Pablo después de esta amplia reflexión teológica continúa con un himno de amor a Dios y a Cristo efundido sobre la humanidad que constituye la base de nuestra esperanza y la fuente de todo el plan salvífico (v31-39).

En la perícopa de hoy se celebra la efusión del Espíritu de vida que a partir del bautismo se difunde en nosotros y que hace contrastar la fuerza anti-salvación de la "carne", es decir del pecado. Siendo el Espíritu una realidad divina, el hombre es conquistado para estar en la esfera de lo eterno: su ser completo será recuperado por Dios en la Resurrección, dado que Cristo "que es primicia de todos los muertos" ha Resucitado (v.11). Con Cristo todo ser humano ha quedado "infundido" por la divinidad, y también nosotros al entrar a esta corriente vital "viviremos"con Cristo. "Pues los que son de Cristo Jesús han crucificado la carne con sus pasiones y sus apetencias. Si vivimos por el Espíritu, sigamos también al Espíritu" (Gal. 5, 24-25).

SUGERENCIAS PASTORALES

1. Hoy hemos leído una de las oraciones más extrañas de Jesús referidas textualmente por los evangelios sinópticos. Se trata principalmente de una bendición, es decir, de una oración de alabanza y de contemplación. Santa Teresa de Ávila escribía: "nunca nos cansemos de alabar a un Rey y a un Señor de tanta majestad, el cual nos ha preparado un reino que nunca terminará a cambio de unos pequeños sufrimientos envueltos de mil alegrías y que mañana habrán de terminar. Sea para siempre bendito amén, amén!" (Fundaciones 31, 47). Es muy importante para cada comunidad cristiana la formación para la oración sobre todo la oración de alabanza.

2. La oración de Jesús también es un canto de los sencillos-pobres. Esta es la actitud genuina de quien ora. Y solamente con esta apertura de corazón, Dios responde a nuestras oraciones revelándonos los secretos de su corazón. Así queda trazado el verdadero diálogo de amor. La oración de paz vivida en esta forma nos hace sentirnos muy cercanos a Dios y además se olvidan el cansancio y las opresiones.

3. El mejor camino para establecer este diálogo nos lo ofrecen los Salmos que son las palabras que Dios desea que se le dirijan, según la definición de San Jerónimo. La liturgia de las horas, entretejida por el salterio, debería ser la oración cotidiana del creyente. Santo Tomás de Aquino acuñó una bellísima y poética definición a propósito del salterio: "Exultatio mentis de aeternis habita, prorumpens in vocem" (In Psalmos Davidis Espositio, Proemium).

4. La oración es vida según el Espíritu de Cristo: el texto de San Pablo de hoy con la mención de San Mateo del "yugo ligero" nos estimula a ver la experiencia de fe como una adhesión gozosa movida por la gracia. La fe en el amor de Dios sustituye a la religión del precepto. San Bernardo, comentando el texto de Cant. 4, 6 exclama: "la esposa dice que su amado es un simple ramillete de mirra: por su amor, ella está lista para entender todos los sufrimientos. Para mí, el que ama es un ramo de flores; la fuerza del amor vence los dolores más grandes" (Sermón sobre el cantar de los cantares 46,1).

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