| XV
DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
LECTURAS:
Isaías
55, 10-11
Romanos 8, 18-23
Mateo 13, 1-23
El
discurso en parábolas del c.13 constituye la tercera
columna estructural de todo el evangelio de San Mateo, después
del Sermón de la Montaña, de la misión
y antes del discurso comunitario (c.18) y escatológico
(c.24). Naturalmente el evangelista organizó el texto
redaccionalmente como lo había hecho San Marcos (c.4)
y que más tarde también haría San Lucas
(c.8); cada uno según su óptica y sus propias
exigencias teológico pastorales. San Mateo nos ofrece
un díptico que se puede esquematizar de la siguiente
forma:
a)
Parábola del sembrador (vv.3-9)
b) El propósito de las parábolas (vv.10-17)
c) La explicación de las parábolas (vv.18-23)
a')
Parábola de la cizaña (vv.23-33)
b') Propósito de la parábola (34-35)
c') La explicación de la parábola (vv.36-52)
Un
elemento sin duda muy significativo es la precisión
de las causas por las que Jesús usa este método
de enseñanza en parábolas. En la perícopa
de hoy encontramos en los vv. 10-17 un largo párrafo
con una amplia citación de la vocación de Isaías
(6, 9-10), en la cual Mateo puntualiza su motivación.
Las parábolas permanecen oscuras para la multitud porque
ellos no tienen la disponibilidad necesaria y la apertura
de corazón y de conciencia. Por esta razón en
la explicación de la parábola se insiste mucho
sobre el "escuchar y comprender" (vv. 19.23) en
el sentido bíblico de adhesión. Por esta razón
San Mateo cambia curiosamente la frase de Lc. 10-23-24 ("bienaventurados
los ojos que ven lo que vosotros veis
") por aquella
otra de "Bienaventurados vuestros ojos porque ven y vuestros
oídos porque oyen" (v.16). Con esta apertura de
Espíritu ahora podemos "comprender" la limpísima
comparación del sembrador. Jesús es un predicador
fascinante precisamente por lo elemental de los símbolos
y la espontaneidad de las referencias. El es muy amante de
recurrir a la naturaleza y a la simplicidad del trabajo palestino:
las aves del cielo, los lirios del campo, los pájaros,
el sol y la lluvia, las nubes, las puestas de sol, el estruendo
de los relámpagos, la higuera floreciente y seca, la
semilla y la espiga o el árbol, la vid, las espinas,
las zorras vagabundas, la polilla y el herrumbre, los buitres,
los peces, las ovejas, los lobos y finalmente el escorpión
blanco palestinense (Lc. 11,11).
Aquí
tenemos una comparación que a primera vista es incomprensible
para la mentalidad Europea a quien le parecería insensato
un agricultor que siembre a lo largo del camino, sobre piedras
y entre los espinos. En realidad en la antigua palestina este
era un procedimiento habitual. Se sembraba no después
sino antes de arar la tierra y esto tenía como objetivo
quitar los obstáculos y enterrar más la semilla.
Ahora sí, tenemos a la vista el sentido primario de
la parábola precedente y también el que nos
da la explicación de la parábola, que como es
claramente notorio, se trata de una obra posterior de la Iglesia
primitiva en meditación sobre la palabra de Jesús.
No obstante la adversidad, la mala tierra y las yerbas que
amenazan las semillas, la recolección es muy abundante
principalmente donde la semilla se ha plantado bien. No obstante
la adversidad y los obstáculos que se interponen a
la predicación y a la actividad de Jesús, aún
que muy apenas aparezca la esperanza, al final el Reino de
Dios se presentará en plenitud y con una gloria inesperada.
Este es el tema fundamental del esplendido oráculo
exclusivo del libro del segundo Isaías (55, 10-11:
I lectura): la palabra de Dios es eficaz y su fuerza fecundante
es semejante al agua que tanto espera el campesino de palestina
y que también se celebra en el difícil "canto
de la cosecha" que hoy se usa como salmo responsorial
(Sal. 64).
La
explicación de la parábola (vv. 18-23) es casi
una homilía que cambia el acento de Dios al hombre
(como estaba en la parábola); del sembrador y de la
semilla, a la tierra; de la contemplación de fe, al
compromiso moral y existencial. El tema central de esta interpretación
(que después es una nueva parábola o alegoría
de la precedente), está como ya se dijo unida al escuchar-comprender,
es decir, a la adhesión al amor eficaz, a la aceptación
"con todo el corazón con toda el alma y con todas
las fuerzas" (Dt. 6) de la palabra de Dios y del Reino.
Los pájaros que se comen la semilla revelan un corazón
poseído por el maligno que arranca todo lo que estaba
sembrado. El terreno pedregoso que solamente deja crecer un
pequeño retoño revela a los inconstantes, los
frágiles y los débiles a quienes inmediatamente
derrumban las pruebas. Las espinas son los símbolos
de los superficiales y de los inestables amantes de los mitos,
del bienestar y del orgullo. El intérprete o predicador
finalmente espera que los recién convertidos a su Iglesia
sean tierra fértil y fructuosa para la catequesis que
reciban después.
San
Pablo en una de las páginas más grandes y conmovedoras
de la carta a los Romanos (II lectura) evoca a la creación
entera. El cosmos es el testimonio más inmediato de
la tensión de todo el ser hacia su centro que es Dios.
La naturaleza espera ávidamente con la frente en alto
(según la personificación del v.19), la aparición
de la nueva humanidad compuesta por los hijos de Dios. Ya
no habrá más un Adán ciego y malvado,
un tirano que "somete a la caducidad" también
la realidad terrestre usándola como instrumento de
muerte y de egoísmo. Sino que más bien vivirá
sobre la tierra un hombre libre e hijo de Dios (v.21), el
nuevo Adán inaugurado por Cristo.
Esta
tensión hacia una serie de relaciones y de realidades
nuevas la expresa San Pablo con la vigorosa imagen de un parto
en el cual se encuentra fatigosamente envuelta tanto la naturaleza
como la humanidad (vv.22-23), para que finalmente nazca un
mundo nuevo y un hombre nuevo, es decir el Reino en el cual
"Dios será todo en todos" (I Cor. 15, 28).
"La figura de este mundo deteriorada por el pecado pasa,
pero Dios nos prepara una nueva morada y una nueva tierra
en donde habita la justicia y cuya felicidad es capaz de saciar
y rebasar todos los anhelos de paz que surgen del corazón
humano
y se verán libres de la servidumbre de
la vanidad todas las criaturas que Dios creó pensando
en el hombre" (Gaudium et Spes, 39).
SUGERENCIAS
PASTORALES
1.
La palabra del sembrador sugiere un contraste más
bien áspero entre la acción de Dios (semilla
y sembrador) y fracaso humano (los terrenos improductivos).
La palabra tiene como común denominador el rechazo.
Jesús quiere también que su Iglesia sea consciente
con serenidad y paciencia de este misterio de incomprensión.
No debe caer en la crisis de no perseverar en el anuncio
de la palabra.
2.
La parábola, como la bellísima página
final del segundo Isaías (I lectura), nos sugiere
también una palabra de certeza. La eficacia de Dios
nos se fractura frente al rechazo, su palabra encuentra
acogida en el corazón de algunos cuantos, es decir
la pequeña grey de los pobres, de los que aceptan
con confianza, entusiasmo y con obras concretas la "buena
noticia" de Cristo. La historia de las semillas es
por consiguiente una alegoría de la libertad humana
y de la eficacia del Reino.
3.
La redención que pasa a través de la acogida
de la palabra crea un mundo nuevo. El pequeño grupo
de los creyentes se convierte en fermento que ayuda al cosmos
y a toda la humanidad a librarse de los desequilibrios y
a orientarse según el plan que Dios trazó.
"Jesús, centro hacia el que se mueven todas
las cosas se digna hacernos un lugar a todos entre los santos
y elegidos. Estos arrancados del caos actual por el mérito
de tu amor se unen lentamente en Ti, en la unidad de la
nueva tierra" (P. Teilhard de Chardin, Inno dell Universo).
4.
La liturgia de hoy también es un gran canto de la
palabra de Dios que es el evento que une nuestra comunidad.
Se puede recordad, en contra de algunas de las posiciones
espiritualizantes, la importancia de la acogida "humana"
de la palabra. El hombre no es solamente sentimiento sino
que también es inteligencia, voluntad y acción.
Todo hombre debe acoger y dejarse invadir por esta semilla
fecunda. La liturgia bizantina exclama:"Como una fuente
para la vida eterna Tú inundas el mundo con tu palabra
eficaz, con tu purísima sangre y con el agua gloriosa
de tu Espíritu".
<arriba>
Aviso
legal.
|