Ciclo A

XVI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

LECTURAS:

Sabiduría 12, 13.16-19
Romanos 8, 26-27
Mateo 13, 24-43

La lectura de la segunda página del díptico de parábolas que inició el domingo pasado, tiene en el centro una similitud específica de San Mateo, la de la cizaña. A ella se le asocian un par de parábolas paralelas, la del grano de mostaza (vv.31-32) y la de la levadura (v.33), separadamente de un breve apunte sobre el significado del uso de las parábolas por parte de Jesús (vv.34-35; cfr. los vv.10-16). Estos son dos símbolos finísimos de la calidad del Reino instaurado por Jesús.

Por un lado se pone énfasis en el contraste entre las semillas microscópicas y la exigüidad de la levadura, y por otra, la inmensidad del árbol y de la masa ya fermentada. El Reino tiene principios insignificantes confiados a un "pastor" maltratado y muerto, y a una "pequeña grey", sin embargo tiene una fuerza tan grande que es capaz de alterar y revolucionar la historia. Aquí es en donde se puede insertar un segundo punto de vista, puesto sobre el crecimiento, es decir, sobre el dinamismo eficaz que la semilla y la levadura esconden haciendo explotar la tierra y la masa. Es un crecimiento, sin embargo, marcado especialmente por la lucha que es muy reñida y dramática. Este es el significado primario de la parábola de la cizaña. En el campo de la historia se enfrentan el amo y el enemigo, el grano y la cizaña. Se enfrentan también dos métodos diferentes de cosechar: (sacar de raíz totalmente o dejar que crezca hasta el final).

La parábola teoriza dos actitudes fundamentales del Señor y de su Reino. La presencia del mal junto al bien, la diferencia y la oposición que el Reino encuentra son parte de su crecimiento normal. Por lo tanto, es necesario saber observar el optimismo de Dios que tiene una eficacia superior, aunque parezca más misteriosa y oculta que la eficacia del mal.

A esta primera tesis que une nuestra parábola con la del sembrador se añade una cálida invitación a la paciencia y a la confianza. La vieja aspiración de los "que se creían puros", con mucha frecuencia de buena fe, es semejante a las inquietudes de Elías y del Bautista que inmediatamente quisieran incendiar la maleza y la cascarilla del trigo y dejar caer de inmediato el golpe del hacha que corta de tajo el árbol sin frutos. Este sueño es peligroso, dice Jesús, y puede generar un "fariseísmo cristiano" de una comunidad "perfecta y a la vez distanciada". En la historia, es necesario aprender a vivir con el mal y junto al mal, sin estar pensando solamente en la agresión y en la destrucción. Jesús se hace "amigo de publicanos y pecadores" (Mt. 11,19), dialoga y come con ellos y también lo hace con prostitutas y de la misma forma dialoga y come con los justos y piadosos. Y siempre tiene la esperanza de ser "el médico" más que el juez. Esta misteriosa mezcla de bien y de mal, de esplendor y de miseria, que es la historia de la humanidad, debe ser campo de actividad del Reino paciente e inquebrantable, y por consiguiente de la Iglesia. Con la esperanza de que la trayectoria de la historia no tiene como fin ni la nada ni la ruina, sino una triunfal "cosecha" de Dios que hará resplandecer todo el bien esparcido a través de los siglos y en los distintos tipos de tierra que coexisten en nuestro mundo.

El libro de la sabiduría está pleno de este mismo optimismo y entusiasmo misionero y ecuménico (I lectura), que es una pequeña joya de la literatura judía de la diáspora de Alejandría de Egipto. Esta página toca también un amplio midrash (meditación homiliética) consagrado a un especial artículo de fe del Éxodo (cc. 10-19) que se mueve precisamente en el ámbito de este mismo optimismo frente a cada hombre, incluyendo a los pecadores, que están simbolizados en la opresión de Egipto y de los Cananeos. Para los creyentes la "política" de Dios que dentro de su omnipotencia "juzga con misericordia y gobierna con mucha indulgencia" (12,18) se convierte en un apremio y en una norma humanitaria. Dios, que posee una incontestable soberanía y una absoluta superioridad sobre todos los seres, nos enseña que solamente el camino del amor paciente y misericordioso (12,19) es el que el creyente debe seguir. Solamente el que tiene horizontes muy pequeños, obtusos y limitados, se convierte en implacable inquisidor de la pequeña paja en el ojo de los demás. La voz de Cristo supera con vehemencia a la rígida justicia vindicativa (Mt.5, 43-48; Lc.6, 27-35).

En estos domingos continuamos también la lectura del c.8 de la carta a los Romanos. Hasta este momento San Pablo presenta dos signos de tensión que experimenta toda la realidad frente a la salvación definitiva que Cristo ha iniciado a través de su Pascua. La expectativa de la creación cósmica (vv.19-22) y la esperanza de los cristianos mismos (vv.23-25) preparan el tercer signo presentado en nuestra perícopa: los gemidos inenarrables del Espíritu (vv.26-27). El deseo apasionado y ansioso del Espíritu se une al grito de parto de la nueva creación y del hombre nuevo. Con su voluntad, conduce al Padre a todos los creyentes. Dios no puede permanecer indiferente ante esta invocación que el Espíritu pronuncia en nuestros corazones. Con esta esperanza el cristiano debe mirar su destino con confianza. Esta es la súplica perfecta que no conoce la debilidad de nuestra humanidad y que "ni siquiera sabe qué es lo que tiene que pedir". Este es el mensaje de la liturgia de la palabra del día de hoy. Aún caminando en la oscuridad del presente "el Reino de Dios ya está en medio de vosotros" (Mt.12, 28).

SUGERENCIAS PASTORALES

1. El bien y el mal constituyen la trama de la historia. Necesitamos compartir la paciencia de Dios, que no conoce intransigencia ni radicalismo ni tampoco ningún integralismo, sino que más bien toma en cuenta el desarrollo del bien de la historia. Por desgracia los creyentes se dejan influir por sus tendencias apocalípticas. Se convierten en jueces implacables, incapaces de respeto a los demás, inclinados a pedir la pena de muerte, ejecuciones, torturas y castigos ejemplares. Por el contrario el libro de la Sabiduría nos enseña "que el Señor de la fuerza, Dios, nos guía con misericordia, y con esta forma de actuar, enseña a su pueblo que el justo debe amar a los hombres".

2. El bien del Reino está dotado de una fuerza irresistible como la de la semilla y la de la levadura, se trata de una energía que trabaja lentamente. Este es el estilo de Jesús y también debe de ser el estilo de los discípulos. El que teme a Dios debe ver un signo de eficacia divina en la valentía de los profetas. Los que pierden la paciencia deben ver un signo de ternura y de fidelidad en la actitud pausada de los que tienen paciencia y prudencia.

3. Las parábolas de hoy nos muestran una meta: el Reino. Todas las parábolas de Jesús, siguiendo el núcleo central de su enseñanza, se proyectan hacia este tema de gozo y de esperanza. Ahora el hombre es invitado a suspender la construcción de proyectos sin sentido y que resultan injustos y es llamado a asociarse al proyecto de amor de Dios: el Reino. Cada domingo debemos confesar nuestro alejamiento del plan divino del Reino. Muhammad Iqbal, fundador del moderno Pakistán, ha escrito este examen de conciencia que también es útil para los cristianos y que está fundamentado en una protesta de Dios:

"Yo he creado el mundo de una sola tierra y de una sola agua.
Tú creaste a Tártaros, Negros y Persas.
Del seno de la tierra yo he creado el acero purísimo.
Tú creaste espadas, flechas y fusiles.
Tú creaste frías segaderas para los retoños,
Y Tú has encerrado en una jaula las melodías de los pájaros".

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