| XVII
DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
LECTURAS:
I
Reyes 3, 5.7-12
Romanos 8,28-30
Mateo 13, 44-52
La
base de lo que hay que partir para comprender el “misterio
del Reino” presentado por Jesús en su discurso
en parábolas (c. 13 de Mateo) nos invita a considerar
que es indispensable tener “ojos que ven y oídos
que oyen” (v. 16). Se trata de una sabiduría
genuina que constituye la figura del “Escriba discípulo
del Reino de los cielos” (v.52). La escena de la primera
lectura está dominada por el modelo ideal de este nuevo
Escriba deseado por Jesús para su comunidad. Salomón
es el modelo perfecto de monarca sabio que se describe en
el primer gesto solemne de su función real. El diálogo
con Dios está ambientado en un contexto litúrgico
(la “altura” de Gabaón y el inmenso holocausto
narrado por 1 Re. 3).
La
conciencia de la responsabilidad que el rey tiene en el destino
de una nación está presente en el origen de
la oración de Salomón, que después se
ampliará en una estupenda composición del libro
de la Sabiduría (Sab.9). La iniciativa debe ser siempre
de Dios, el que “conoce” (vv. 5 y 9): Salomón
es rey, porque el Señor guía la historia y actúa
las promesas hechas a David, superando los obstáculos
que el hombre interpone (el ascenso de Salomón al trono
fue una empresa muy controvertida). El don regalado por Dios
al rey recién elegido puede traducirse con la categoría
bíblica de sabiduría, expresión que puede
definirse como “polar”, “distinguir el bien
y el mal” (v.9). Los dos polos elegidos para indicar
la realidad se toman bajo el perfil moral como si se tratara
del fresco teológico presentado por (Gen. 3,2-6). Pero
mucho más allá de la esfera moral, la sabiduría
abarca casi todos los sectores de la formación humana
en forma de genuino humanismo integral. Temas sociales (justicia,
prudencia, relaciones con el prójimo), problemas políticos
y diplomáticos, filosóficos y teológicos
ahora se enfrentan ya no por “un jovencito” (v.7),
sino por un hombre maduro tan sabio que “en todas partes
de la tierra querían estar cerca de él para
escuchar la sabiduría que Dios le había puesto
en el corazón” (I Re. 10, 24).
Este
“discernimiento en el juzgar” (v.12), esta sabiduría
para distinguir los verdaderos valores, es esencial también
para el Escriba del Reino. Las primeras dos mini-parábolas
del evangelio son verdaderamente iluminadoras. El tesoro y
la perla evocan en la imaginación popular algo fabuloso
y de inestimable valor; por lo cual hay que sacrificar todo
rápidamente y con habilidad financiera. La elección
por el “tesoro” del Reino de Dios exige la misma
inteligencia y la misma decisión. Escribe un exégeta
O. Knoch: "el Reino es la ocasión única
que Jesús, con su venida y con su obra, nos ofrece
a todos, pobres o ricos... conviene aprovechar esta oportunidad
comprometiendo todas las posibilidades que tenemos a nuestra
disposición". La sabiduría propuesta por
Jesús induce al hombre a subordinar todo al nuevo tesoro
descubierto, sabiendo que ningún otro bien es suficiente
y todo es superfluo una vez que hemos llegado a tener este
“tesoro”. Es un compromiso que exige esfuerzo
(v.45), jugándose todo por lo esencial (cfr. Mt. 10,39;
12,29; 18,13). Es un compromiso que genera y hace transpirar
una inmensa alegría (v.44), signo de la confianza y
de la esperanza propia de quien ha descubierto y ha tomado
posesión del “tesoro” del Reino. Es un
compromiso que debe durar hasta el final, es decir, hasta
el instante en que los justos y los pecadores sean finalmente
separados por el juicio divino y no según los esquemas
humanos (parábola de la red). Es un compromiso que
exige inteligencia y no solamente corazón, que implica
junto a la simplicidad de una paloma la astucia de una serpiente
(Mt. 10,16), que necesita una capacidad de síntesis,
como sugiere el dicho final sobre el Escriba (v. 52).
En
el centro de esta propuesta bíblica está la
celebración de la madurez humana y espiritual, de la
inteligencia crítica, de la formación global
y no solamente teológica del hombre. El hombre es un
ser completo, con el esplendor de sus dotes, que debe alcanzar
a Dios decidiendo su destino con libertad y sabiduría,
por ello no es lícito recurrir a atenuantes o a motivaciones
piadosas que obstaculicen el progreso auténtico de
la cultura, de la ciencia, del pensamiento y de la teología.
Ahora
continuamos la lectura de la segunda parte del leccionario
del c. 8 de la carta a los Romanos, que es el capítulo
central en la arquitectura de la obra de San Pablo. Los versículos
propuestos (vv.28-30) sugieren precisamente una metáfora
arquitectónica. Para delinear el plan de salvación
que Dios ha trazado en la historia y en todos los seres, San
Pablo imagina una pirámide que se eleva hacia arriba,
al vértice de la gloria de Dios. Dios “conoce
desde siempre” a toda la humanidad y con amor la “predestina”
a un “destino” grandioso que es: “configurarse”
con su Hijo (I Cor. 15,49; II Cor. 3,18), también “llama”
a la humanidad a través de la vocación en la
fe, la “justifica” salvándola a través
de su gracia y la conduce a la “glorificación”
plena de la comunión eterna con Dios. Esta última
meta a la cual está convocada la humanidad, la presenta
continuamente el c. 8 (vv. 17. 18. 21. 30). En efecto “Y,
si hijos, también herederos: herederos de Dios y coherederos
de Cristo, si compartimos sus sufrimientos, para ser también
con Él glorificados” (8,17). Confiando en el
Reino de Dios somos atraídos hacia aquel destino infinito:
"Mas todos nosotros, que con el rostro descubierto reflejamos
como en un espejo la gloria del Señor, nos vamos transformando
en esa misma imagen cada vez más gloriosos: Así
es como actúa el Señor, que es Espíritu”
(II Cor. 3,18).
SUGERENCIAS
PASTORALES
1.
El sabio Escriba y Salomón son dos ejemplos
de sabiduría, la virtud de la plenitud humana y espiritual.
Las imágenes del tesoro y de la perla en la tradición
sapiencial se usan precisamente para designar el valor incomparable
de la sabiduría (Prov. 2,4; 3,14; 8,18-19.21; Sab.
7,9; Jn. 28, 15-18). La madurez interior es un valor inestimable
y cada creyente debe luchar contra toda forma de opresión,
de oscurantismo, de superficialidad, para hacer crecer a
cada hombre en sabiduría y gracia. Las realidades
terrenas, humanas, científicas, culturales y espirituales
son rayos del esplendor divino. Favorecer las artes, las
ciencias, la filosofía, la investigación religiosa
etc. es una colaboración al proyecto “cósmico”
y armónico que Dios ha trazado para todos los seres.
2.
Existe una escala de valores. Para percibir los
valores fundamentales es indispensable hacer una elección.
La educación es fundamental en el ámbito de
la fe para que la elección sea justa y libre. El
comerciante de objetos preciosos que aparece en la parábola
de hoy intuyó que en la perla del bazar había
un valor inestimable, sepultada probablemente entre tantos
productos que aparecían a su vista pero que no valían
nada. Él apuesta todos sus bienes sobre aquel único
valor. Cuántas veces la incapacidad de juicio y de
decisión pierde al hombre en un pseudo-valor dejándole
entre las manos sólo paja y polvo.
3.
Jesús toma como punto de partida el oficio
de los pescadores para elaborar una de las parábolas
del día de hoy. Ellos, después de haber recogido
las redes, debían hacer una selección entre
los peces para separar los que eran buenos y permitidos
por la ley y que se referían a las comidas llamadas
kasher o “alimentos puros”, basándose
en una norma de Lev. 11,10 donde los peces sin escamas estaban
prohibidos. De esta práctica Jesús deduce
una lectura de la vida humana. Al término de nuestra
historia Dios separará el bien del mal, los verdaderos
y los falsos valores. Este juicio hará brillar la
verdad, la justicia, el amor; cambiará la absurda
escala de valores muy apreciada por los hombres para defender
su egoísmo. Reelaborando el Sal. 49, el poeta y sacerdote
nicaragüense E. Cardenal escribía: "¿porqué
tengo yo miedo de aquellos que ponen su confianza en un
Banco o en la seguridad de una póliza de seguros?
La vida no se puede comprar con un cheque; sus actos son
muy elevados, no se pueden pagar con dinero " (Grito.
El Salmo de los oprimidos. Asis 1979 pp. 47-48).
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Aviso
legal.
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