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DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
LECTURAS:
Isaías
55, 6-9
Filipenses 1, 20-27
Mateo 20, 1-16
Es
fácil comprender porqué el leccionario puso
en la Primera Lectura algunas líneas tomadas de la
última página del profeta anónimo del
exilio y del retorno al que los estudiosos llaman "Segundo
Isaías". "Mis pensamientos no son vuestros
pensamientos, y vuestros caminos no son mis caminos",
esta es una frase que justifica el comportamiento irracional
según los esquemas económicos y sindicales del
patrón de la viña que se encuentra en la parábola
de Mt.20. Y el Salmo Responsorial vuelve a tomar el mismo
tema declarando que "la grandeza del Señor no
tiene medida" (Sal.144). En sí misma la perícopa
de Is.55 es una celebración de la trascendencia divina
que era una convicción muy apreciada en Israel, puesto
que la opuso a todas las formas de panteísmo y de materialización
de la divinidad, que fueron características de la teología
"de la media luna fértil" oriental. La superioridad
de Dios frente a los esquemas humanos está descrita
según el modelo tradicional "vertical" (cielo-tierra:v.9);
esta superioridad se hace visible según el profeta,
precisamente en la grandeza de la misericordia y del perdón
(vv.6-7). El Señor es un Dios que "perdona totalmente",
"paciente", "misericordioso", "lento
para la ira y rico en misericordia" (salmo responsorial).
Como
dice Jesús, la parábola de la viña y
de los operarios es la celebración ideal de la gracia
y de los dones que el reino da sin méritos humanos.
Los obstáculos y las limitaciones de cada hombre no
pueden disminuir la bondad y el gozo de Dios "que no
quiere que ningún hombre se pierda". La actual
postura de la parábola nos permite profundizar mejor,
ya que su mensaje está colocado entre dos ideas que
lo "incluyen".
En
19,13 (principio) y en 20,16 (fin) encontramos un ángulo
interpretativo de San Mateo: "los últimos serán
los primeros y los primeros los últimos". La narración
está unida a dos vértices en su significado:
la contratación progresiva de los operarios con el
mismo pago, se equipara al grado de indignación polémica
de los "primeros". Los exégetas saben muy
bien que en las parábolas que tienen dos vértices
se pone el énfasis sobre el segundo. Nos encontramos
ahora frente a una situación típica de la vida
de Jesús testimoniada repetidamente por los evangelios:
los fariseos, los justos, los "primeros" se escandalizan
de que Jesús ofrezca la misma salvación a los
pecadores, a los "últimos". El operario de
la parábola no reclama tanto un salario mayor, sino
que lamenta sobre todo la igualdad del trato hecho a él
y al último que llegó. La parábola está
dirigida a personas que imitan a estos "intrigantes",
al neofariseismo que se escandaliza por la apertura de la
Buena Nueva a los pecadores y a la gente humilde (en la Biblia
el verbo "intrigar" indica la falta de fe).
Junto
a esta finalidad pretendida por Jesús y conforme a
la problemática de su iglesia, San Mateo alude a una
cuestión muy viva y debatida en la primera experiencia
eclesial: el traspaso del judaísmo al universalismo.
La comparación con los paganos lastimaba ciertos privilegios
y cierta lógica judía, que sostenía la
salvación como un bien o un patrimonio nacional. El
estilo de Jesús, por el contrario, es idéntico
para todos, judíos y paganos, justos y pecadores. La
vieja alianza que se basaba sobre el derecho y la justicia,
queda sustituida por una nueva, fundada exclusivamente sobre
la gracia. El reino es un don de Dios y no un salario por
las obras de la Ley, la salvación no es una recompensa
como si se tratara de un contrato, sino más bien una
iniciativa divina formada de amor y de comunión a la
cual está invitado el hombre a participar con alegría
y sin limitaciones.
Con
este domingo se inicia la lectura de la carta de San Pablo
a los Filipenses. La iglesia a la que se dirige el apóstol
está ubicada en un próspero centro helenístico,
colocada en una llanura fértil cerca de las minas de
oro y de plata. Precisamente son los Filipenses en donde resuena
por primera vez la palabra de San Pablo en Europa, en ocasión
de su segundo viaje misionero (año 49-50). La decisión
de partir a Grecia surgió de una invitación
excepcional del macedonio que suplicaba: "llega a Macedonia
y ayúdanos" (Hech.16, 9). San Pablo nunca olvidará
el entusiasmo con el cual inició esta nueva aventura
de su vida con los filipenses y mantendrá siempre una
unión de familiaridad y de confianza a tal grado que
aceptó de ellos dones y subsidios que no acostumbraba
en su práctica normal (Fil.4, 15-16). Por esto, como
se puede notar en nuestra perícopa, la carta aún
siendo escrita desde la cárcel, probablemente de Éfeso
y no de Roma, está plena de alegría, de calor
y de afecto (en la opinión actual de los estudiosos
la anticipan a los años 55-56).
En
este diario de sus sentimientos, San Pablo confronta vida
y muerte a la luz de Cristo. Cristo, era ya la vida total
terrena del fiel Pablo y por otra parte morir era entrar en
la plenitud del la comunión con Cristo. Su convencimiento
de que su vida era todavía muy apreciada por sus hermanos
le crea una dificultad: él debe amar esta vida terrena
porque todavía debe anunciar el evangelio y a la vez
él siente viva la atracción a la total unión
con Cristo "cara a cara" después de la muerte
(vv.23-24). Su deseo de "estar con Cristo" se asocia
al compromiso de "ser ciudadanos del evangelio"
(v.27) aquí en la tierra. La locución tomada
del derecho civil de la polis griega, explica la dignidad,
las capacidades y la colaboración que el cristiano
debe ofrecer para construir aquí en la tierra su destino
futuro de unión con Cristo.
SUGERENCIAS
PASTORALES
1.
El comportamiento del patrón de la viña es
exactamente el mismo de Jesús que no se basa en los
méritos o en la estricta justicia, sino más
bien en el amor gratuito y generoso que brinda y da crédito
a aquellos que ni siquiera tienen derecho a acampar. Ahora
somos invitados a una generosidad libre, similar a aquella
de Cristo que se ofrece a pecadores, a enfermos e ignorantes
en la manifestación de un amor puro y total; en contra
de una concepción "económica" e
interesada de nuestro compromiso frente al prójimo.
Por lo tanto no debemos nosotros esperar ni el reconocimiento
ni mucho menos el voto, como lo hacen los políticos,
ni tampoco un servilismo fácil.
2.
La frase final de la parábola sobre la repartición
de puestos en el Reino, refleja también la verdadera
jerarquía según el evangelio: los últimos,
los más pequeños, deberían estar en
el centro de la comunidad cristiana. La pastoral de los
que sufren y de los marginados deberían ser una de
las preocupaciones eclesiales.
3.
En la filigrana del texto evangélico la perícopa
de Isaías es un canto del misterio del amor de Dios.
El Señor, en su trascendencia, actúa en un
nivel que nuestra pequeña lógica no entiende.
El fiarse de Dios lleva consigo el riesgo de la espera,
la oscuridad y la incertidumbre. En el romance sobre la
crisis interior de Manzoni, escribió M. Pomilio cuando
moría su mujer: "en él no se calmaba
la rebeldía de no entender cómo es posible
que Dios sea así (aunque nuestros pobres corazones
tiemblan y tiemblan) y porqué no se deja alcanzar
y sin embargo nos atrae y nos desilusiona y porqué
sus decretos nos quedan oscuros y se nos presentan totalmente
distintos a como los esperamos y finalmente porqué,
aunque exista Dios, el dolor habita en el mundo" (IL
Natale del 1833, Milán 1983, p.39).
4.
La meta de esta fe es el abandono en Dios, en el espíritu
de la célebre fórmula que se convierte en
una idea prototipo de San Pablo "para mí el
vivir es Cristo y el morir es una ganancia". Descubrir
este anhelo, esta inmersión en Dios, esta pureza
de la fe, constituye la gran vía de la mística
y de la madurez espiritual.
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Aviso
legal.
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