Ciclo A

XXV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

LECTURAS:

Isaías 55, 6-9
Filipenses 1, 20-27
Mateo 20, 1-16

Es fácil comprender porqué el leccionario puso en la Primera Lectura algunas líneas tomadas de la última página del profeta anónimo del exilio y del retorno al que los estudiosos llaman "Segundo Isaías". "Mis pensamientos no son vuestros pensamientos, y vuestros caminos no son mis caminos", esta es una frase que justifica el comportamiento irracional según los esquemas económicos y sindicales del patrón de la viña que se encuentra en la parábola de Mt.20. Y el Salmo Responsorial vuelve a tomar el mismo tema declarando que "la grandeza del Señor no tiene medida" (Sal.144). En sí misma la perícopa de Is.55 es una celebración de la trascendencia divina que era una convicción muy apreciada en Israel, puesto que la opuso a todas las formas de panteísmo y de materialización de la divinidad, que fueron características de la teología "de la media luna fértil" oriental. La superioridad de Dios frente a los esquemas humanos está descrita según el modelo tradicional "vertical" (cielo-tierra:v.9); esta superioridad se hace visible según el profeta, precisamente en la grandeza de la misericordia y del perdón (vv.6-7). El Señor es un Dios que "perdona totalmente", "paciente", "misericordioso", "lento para la ira y rico en misericordia" (salmo responsorial).

Como dice Jesús, la parábola de la viña y de los operarios es la celebración ideal de la gracia y de los dones que el reino da sin méritos humanos. Los obstáculos y las limitaciones de cada hombre no pueden disminuir la bondad y el gozo de Dios "que no quiere que ningún hombre se pierda". La actual postura de la parábola nos permite profundizar mejor, ya que su mensaje está colocado entre dos ideas que lo "incluyen".

En 19,13 (principio) y en 20,16 (fin) encontramos un ángulo interpretativo de San Mateo: "los últimos serán los primeros y los primeros los últimos". La narración está unida a dos vértices en su significado: la contratación progresiva de los operarios con el mismo pago, se equipara al grado de indignación polémica de los "primeros". Los exégetas saben muy bien que en las parábolas que tienen dos vértices se pone el énfasis sobre el segundo. Nos encontramos ahora frente a una situación típica de la vida de Jesús testimoniada repetidamente por los evangelios: los fariseos, los justos, los "primeros" se escandalizan de que Jesús ofrezca la misma salvación a los pecadores, a los "últimos". El operario de la parábola no reclama tanto un salario mayor, sino que lamenta sobre todo la igualdad del trato hecho a él y al último que llegó. La parábola está dirigida a personas que imitan a estos "intrigantes", al neofariseismo que se escandaliza por la apertura de la Buena Nueva a los pecadores y a la gente humilde (en la Biblia el verbo "intrigar" indica la falta de fe).

Junto a esta finalidad pretendida por Jesús y conforme a la problemática de su iglesia, San Mateo alude a una cuestión muy viva y debatida en la primera experiencia eclesial: el traspaso del judaísmo al universalismo. La comparación con los paganos lastimaba ciertos privilegios y cierta lógica judía, que sostenía la salvación como un bien o un patrimonio nacional. El estilo de Jesús, por el contrario, es idéntico para todos, judíos y paganos, justos y pecadores. La vieja alianza que se basaba sobre el derecho y la justicia, queda sustituida por una nueva, fundada exclusivamente sobre la gracia. El reino es un don de Dios y no un salario por las obras de la Ley, la salvación no es una recompensa como si se tratara de un contrato, sino más bien una iniciativa divina formada de amor y de comunión a la cual está invitado el hombre a participar con alegría y sin limitaciones.

Con este domingo se inicia la lectura de la carta de San Pablo a los Filipenses. La iglesia a la que se dirige el apóstol está ubicada en un próspero centro helenístico, colocada en una llanura fértil cerca de las minas de oro y de plata. Precisamente son los Filipenses en donde resuena por primera vez la palabra de San Pablo en Europa, en ocasión de su segundo viaje misionero (año 49-50). La decisión de partir a Grecia surgió de una invitación excepcional del macedonio que suplicaba: "llega a Macedonia y ayúdanos" (Hech.16, 9). San Pablo nunca olvidará el entusiasmo con el cual inició esta nueva aventura de su vida con los filipenses y mantendrá siempre una unión de familiaridad y de confianza a tal grado que aceptó de ellos dones y subsidios que no acostumbraba en su práctica normal (Fil.4, 15-16). Por esto, como se puede notar en nuestra perícopa, la carta aún siendo escrita desde la cárcel, probablemente de Éfeso y no de Roma, está plena de alegría, de calor y de afecto (en la opinión actual de los estudiosos la anticipan a los años 55-56).

En este diario de sus sentimientos, San Pablo confronta vida y muerte a la luz de Cristo. Cristo, era ya la vida total terrena del fiel Pablo y por otra parte morir era entrar en la plenitud del la comunión con Cristo. Su convencimiento de que su vida era todavía muy apreciada por sus hermanos le crea una dificultad: él debe amar esta vida terrena porque todavía debe anunciar el evangelio y a la vez él siente viva la atracción a la total unión con Cristo "cara a cara" después de la muerte (vv.23-24). Su deseo de "estar con Cristo" se asocia al compromiso de "ser ciudadanos del evangelio" (v.27) aquí en la tierra. La locución tomada del derecho civil de la polis griega, explica la dignidad, las capacidades y la colaboración que el cristiano debe ofrecer para construir aquí en la tierra su destino futuro de unión con Cristo.

SUGERENCIAS PASTORALES

1. El comportamiento del patrón de la viña es exactamente el mismo de Jesús que no se basa en los méritos o en la estricta justicia, sino más bien en el amor gratuito y generoso que brinda y da crédito a aquellos que ni siquiera tienen derecho a acampar. Ahora somos invitados a una generosidad libre, similar a aquella de Cristo que se ofrece a pecadores, a enfermos e ignorantes en la manifestación de un amor puro y total; en contra de una concepción "económica" e interesada de nuestro compromiso frente al prójimo. Por lo tanto no debemos nosotros esperar ni el reconocimiento ni mucho menos el voto, como lo hacen los políticos, ni tampoco un servilismo fácil.

2. La frase final de la parábola sobre la repartición de puestos en el Reino, refleja también la verdadera jerarquía según el evangelio: los últimos, los más pequeños, deberían estar en el centro de la comunidad cristiana. La pastoral de los que sufren y de los marginados deberían ser una de las preocupaciones eclesiales.

3. En la filigrana del texto evangélico la perícopa de Isaías es un canto del misterio del amor de Dios. El Señor, en su trascendencia, actúa en un nivel que nuestra pequeña lógica no entiende. El fiarse de Dios lleva consigo el riesgo de la espera, la oscuridad y la incertidumbre. En el romance sobre la crisis interior de Manzoni, escribió M. Pomilio cuando moría su mujer: "en él no se calmaba la rebeldía de no entender cómo es posible que Dios sea así (aunque nuestros pobres corazones tiemblan y tiemblan) y porqué no se deja alcanzar y sin embargo nos atrae y nos desilusiona y porqué sus decretos nos quedan oscuros y se nos presentan totalmente distintos a como los esperamos y finalmente porqué, aunque exista Dios, el dolor habita en el mundo" (IL Natale del 1833, Milán 1983, p.39).

4. La meta de esta fe es el abandono en Dios, en el espíritu de la célebre fórmula que se convierte en una idea prototipo de San Pablo "para mí el vivir es Cristo y el morir es una ganancia". Descubrir este anhelo, esta inmersión en Dios, esta pureza de la fe, constituye la gran vía de la mística y de la madurez espiritual.

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