Ciclo B

III DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

LECTURAS:

Jonas 3, 1-5.10
1 Corintios 7, 29-31
Marcos 1, 14-20

Jonás es un delicioso librito que se ha fechado entre el 450 y el 200 A. C. y que la mayoría de los exegetas lo toman como un midrash, una “ficción didáctica” (Feuillet). No le faltan componentes exóticos. El pez, símbolo de hostilidad, con una casa es el signo cuneiforme de Nínive; El nombre “Jonás” significa “paloma” que entre otras cosas era el animal sagrado de la diosa istar cuyo mayor santuario se levantaba precisamente en Nínive, capital de Asiría, que por entonces era una superpotencia muchos de los vocablos marinos utilizados por el libro parece que se derivan de la lengua fenicia. “La nave de Társis” en la cual se embanca Jonás para escapar de la invitación del Señor (1,3) es el equivalente a los modernos trasatlánticos. No falta entonces la ironía por el profeta que frente a los marineros paganos que estaban en oración por la tempestad, “acostado dormía profundamente” (1.5). Estos datos hacen fascinante este pequeño volumen totalmente dirigido a celebrar la misericordia universal de Dios que quiere la conversión de todos los hombres, y también de los enemigos tradicionales de Israel es decir los asirios de Nínive. El profeta encarna el repliegue “centrípeto” del estado hebraico post-exílico integralista y razista contra el cual reaccionará la auténtica profecía (Vgr. Is. 56. 66; Ml. 1, 10-11).

La misión de Jonás es una cosa increíble para un judío: predicar la conversión para la salvación a todo el mundo que hasta ahora estaba considerado bajo el signo de la maldición (vv. 1-3). La respuesta de los “no creyentes” al kerigma de Jonás es ejemplar y se articula en tres momentos: la fe (v. 5a) las obras de la conversión (v. 5b) el cambio radical que los justifica delante de Dios (v. 10). El Dios de la misericordia no se complace en la muerte del malvado sino que desea que se convierta y viva (Ez. 18, 23). Este es el núcleo del “evangelio” que Jonás debe proclamar aunque este estuviera reacio. Un anuncio que supera el horizonte limitado y esquemático de su teología rígida y personal. La Justicia de Dios se revela precisamente en la misericordia que transforma y regenera. “El perdón es la respuesta al sueño del milagro en el que es golpeado se cura y el que esta sucio se purifica” (D. Hammarskjold).

Otro “evangelio” esta en el centro de la primera página del evangelio de san Marcos, que es el evangelio que nos acompañara en la liturgia de la palabra de todo este año. Es el kerigma que el mismo Jesús dirige a todos los hombres que buscan, a todos los que están pasando de la oscuridad a la luz, es un “evangelio de Dios”. Es un anuncio en el cual Dios es el sujeto que toma la iniciativa y también un anuncio en el cual Dios es el objeto y el contenido que en la práctica se identifica con Dios mismo. En efecto tanto en Mc. 8, 35.10, 29 Cristo y el evangelio son la misma realidad.

El kerigma de Jesús contenido en Mc. 1,15 se articula en base a dos vertientes paralelas, la primera teológica e “indicativa “y la segunda antropológica e “imperativa”. “el tiempo se ha cumplido”. Esta es la primera declaración teológica. La historia de la salvación alcanza su plenitud en Cristo. El es el punto terminal de la flecha indicativa y dinámica del A.T. que de aquí en adelante se deberá leer a la luz del mismo Cristo, como lo hará sobre todo san Mt. El libro de la plenitud de las escrituras” en Cristo. El segundo tema es “El reino de Dios esta cerca” en la historia Dios tiene un proyecto que tiene que actuar, un plan que debe realizar (el “reino”). Un plan en el cual la actuación se inicio con Cristo (el verbo griego es un verbo perfecto), un plan que todavía esta “cercano”, que debe encarnarse continuamente en la trama oscura e inserta de nuestra historia de tal manera que le confiere una sustancia de eternidad”. “Que hermosos son los pasos del pregonero que sobre el monte proclama la paz, que anuncia el bien, que proclama la salvación y que dice a Sión: reina tu Dios” (Is. 52,7).

La intervención de Dios debe responder al compromiso humano. Este se manifiesta principalmente en la “conversión”: El hombre integral esta invitado a determinar en su mentalidad y en su actividad una inversión de ruta, es llamado a una existencia moral.

“La fe en el evangelio” es decir la adhesión a Cristo que salva y que libera es la segunda exigencia radical que anuncia el kerigma para el hombre. Un anuncio que se esparce por medio de “heraldos”, de “ministros de la reconciliación” (II Cor. 5, 18), de “pescadores de hombres” (Mc. 1, 17). Y entonces aparece la narración de la vocación de los primeros discípulos inmediatamente conectada a la proclamación de Jesús. No se trata de “profetas” renuentes como Jonás, sino de hombres que ofrecen una respuesta incondicional. La escena tiene un valor ejemplar más que histórico: “abandonar las redes y al padre” se trata de un polarismo (dos extremos: sociedad y familia) para indicar la separación total de lo que nos parece más precioso y caro para meterse en la aventura misteriosa del reino. A los hombres que buscan con corazón sincero, este anuncio debe retumbar como un llamado urgente y decisivo. Este es precisamente el sentido continuo de la llamada “urgencia” de la predicación de Jesús y de su relativa radicalidad. “Los habitantes de Nínive se levantarán el día del juicio junto con esta generación y la condenarán, porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás y aquí hay alguien mucho más grande que Jonás” (Mt. 12,41).

La misma urgencia escatológica esta presente en el anuncio pastoral paulino destinado a la difícil y compleja comunidad de Corinto (II lectura). San Pablo proyecta la luz de la Pascua sobre toda la experiencia humana hecha de alegría y de dolor, de afectos y de intereses. Esta debe adquirir a los ojos del creyente un valor nuevo. La unidad de medida que usa san Pablo resalta cierta escala de valores absurdos a los cuales nos ha acostumbrado el mundo. Se impone la decisión radical por un nuevo sistema de valores (el Reino). Es como si el tiempo se hubiera hecho “breve” (I Cor. 7,29) es decir reducido como una vela que se esta apagando según el significado original del texto griego. La “escena” (v. 31) el “esquema” de este mundo van siendo superados y aparecen inconsistentes. Debemos organizar nuestra vida sobre la base de él modelo que nos ha propuesto el kerigma de Jesús. Muy diversamente del carpe diem de Horacio que nos invita a aprovecharnos de la vida antes que se marchiten las rosas, el mensaje de Jonás, de Pablo y de Jesús es una fuerte invitación al descubrimiento de un sentido nuevo que la historia ha tomado con la intervención de Dios. El retrato del cristiano que resulta de las cuatro componentes de Mc. 1, 15 esta sin duda en la línea del “ser” y no del “tener” (E. Fromm). El sabe muy bien que de toda la actividad afanada y absorbente del hombre en el universo no permanece más que una sola cosa: la caridad (1 Cor. 13,13)


SUGERENCIAS PASTORALES

1. El anuncio repercute en todo el mundo. Dios no tiene preferencia de personas sino que se dirige también a aquellos que serían considerados como inútiles e indignos por la mezquindad y la torpeza del hombre. La justicia de Dios es vencida por la misericordia que es “su tarjeta de presentación (A. Gelin): “Yo soy misericordioso dice el Señor” (Jer. 3, 12).

2. El contenido de nuestro anuncio comprende dos artículos de fe: la certeza de que Dios esta cercano y que tiene un proyecto de amor que va a actuar en la historia (el Reino esta cercano) y la respuesta de fe (crean el evangelio) y de vida (conviértanse) que el hombre debe ofrecer a su Dios. Los ninivitas y los discípulos de Cristo son el modelo de la escucha-obediencia del anuncio de la salvación.

3. A la luz del anuncio se alcanza a identificar el verdadero sentido de la vida y de los valores que van apareciendo sobre la “escena de este mundo”. Las opciones por consiguiente, se transforman y se centran sobre los tesoros que no pueden consumir ni la TIGNOLA ni él herrumbre de este mundo y que los ladrones no pueden robar. Y así nuestro destino se hace grandioso. Como escribía Pascal, “el hombre no es digno de Dios pero no es incapaz de hacerse digno. Es indigno de Dios de unirse al hombre miserable, pero no es indigno de Dios levantarlo de su miseria” (pensamientos no. 484).

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