Ciclo B

VI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

LECTURAS:

Levítico 13, 1-2.45-46
1 Corintios 10, 31 - 11, 1
Marcos 1, 40-45

El libro de Job (18,13) define la letra como “el primogénito entre los muertos” y de hecho para los rabinos el leproso era un muerto en vida tanto que si ocurriera una eventual curación hubiera suscitado el mismo efecto de una resurrección de los muertos. Esta enfermedad era la forma mas grave de impureza física que le podía ocurrir a un hombre, por esto el sacerdote tenía la misión de declararlo inmundo (Lev. 13,3) y de excluirlo de la vida de la comunidad. En esta forma quedaba privado de la posibilidad del culto y separado de la comunión de vida con Dios como lo esta quien ha bajado a la tumba. Para un hebreo la tensión entre puro e impuro era semejante a aquella que ocurre entre la vida y la muerte.

Se trata de la clásica división operada por la corriente literaria llamada “Sacerdotal” (P) entre lo sagrado y lo profano entre aquello que esta bendito y puede estar frente a Dios y aquello otro que no siéndolo era indigno de presentarse en su presencia. De aquí se infiere la minuciosa descripción de los diversos ritos con que el hombre podía purificarse del contacto de aquellas cosas que eran desagradables a Dios para poder ser admitido a su presencia (impureza sexual, o impurezas por el contacto con cadáveres…).

Muy por encima de una concesión semejante en el texto del evangelio (Mc. 1, 40-45) se juega la fuerza en donde Jesús que se había atrevida a acercarse a la suegra de Pedro y dejar que ella lo sirviera (cosa que era inaudita para un rabino de aquel tiempo), también se atreve a ponerse en contacto con un leproso. El lo toca, es decir toma sobre sí su enfermedad, participa de su triste condición. No se dirige a un hombre abstracto, no ha venido para redimir a una humanidad teórica, sino a estas personas concretas y de esta forma no puede prescindir de su corporalidad que Cristo asume con toda su seriedad. Ya no es el Sacerdote del A.T. que enseña al pueblo que cosas se pueden hacer y que cosas no, lo que esta puro y lo que no esta. Los sacerdotes tenían entre sus funciones la de interpretar las reglas de la Ley y por consiguiente hacer un juicio de naturaleza médica cuando la enfermedad tenía una referencia sagrada, y fungiendo como interpretes de Dios mismo para establecer que cosas debían ser excluidas del culto.

Jesús por el contrario, se presenta como el auténtico portavoz de Yahvé, es más como la presencia misma de Dios que destruye toda barrera legalista falsa. Por esta razón su obra no consistía solamente en la aproximación ascética de un indiferente sino el acercamiento de aquel que lleva el reino de Dios y no puede otra cosa que experimentar “compasión”. El término original griego indica la participación sufrida por Jesús que se “enoja” viendo en la enfermedad una cosa que contradice la voluntad creadora primordial de Dios que “no ha creado la muerte y no desea la ruina de los vivientes” (Sab.1, 22). La centralidad del anuncio que el Reino esta por iniciar se transparenta en cada texto evangélico. Aquí emerge en su dimensión de realidad que se opone al mal. El milagro se convierte en el signo de que ha comenzado el duelo de Jesús con las fuerzas del mal y la victoria que sigue es el símbolo que la época que la salvación ya esta realizada y para Satanás ha llegado el momento de la ruina total. Sería como el encuentro entre dos esferas de poder, debido a que Jesús no concibe a los demonios como lo hacían los judíos es decir como entidades singulares que permanecían por sí mismas, sino que ve el mal en su dimensión de unidad personificada pro Satanás.

El creyente entonces experimenta todo esto como si estuviera en un campo de batalla, pero en done tiene la seguridad de que la suerte del conflicto ya esta decidida desde ahora y que esta decidida en favor del bien que obtiene la victoria sobre el mal, de la vida que prevalece sobre la muerte, de la luz que pone en fuga a la oscuridad. El por consiguiente puede vivir en la contradicción del hoy como si los tiempos escatológicos ya se hubieran cumplido, sabiendo que el reino de Dios ya esta aquí en medio de nosotros y con la certeza de que “Dios no agota todos nuestros deseos sino que es fiel a todas sus promesas” (Bonhoeffer).

Y es evidente que para llegar a tener este tipo de fe se necesita un largo camino de purificación y de crecimiento. Y aquí aparece nuevamente el tema del secreto mesiánico que también se propone a nuestra atención en este domingo y en donde vemos que la persona curada es invitado a “no decir nada a nadie” para no correr el riesgo de propagar una fe como de milagrería y en un Jesús solamente visto como un taumaturgo. Por el contrario el es el salvador pero esto solamente se puede intuir con plenitud desde la cruz, porque solamente ahí se puede entender hasta donde llega la disponibilidad de su humanidad para darnos todo bien. Nuestra fe solamente puede ser capaz de ver con ojos diversos la realidad que nos circunda solamente tocando con la mano que la victoria sobe el mal y sobre la muerte se obtiene haciéndose maldición y muriendo en la cruz.

Solamente así nuestra fe podrá tener la carga necesaria para irradiarse hacia afuera en el anuncio del nombre de Jesús como hace el leproso. Ciertamente el leproso esta invitado al silencio, pero esta orden no puede ser escuchada porque el evento acontecido proviene verdaderamente de la autoridad de Dios que ha hablado y que por siguiente no puede permanecer escondida ni puede ser sofocada. He aquí el milagro que proclama y divulga el hecho porque, como nos sugiere el salmo responsorial, “la salvación del Señor llena de alegría” y no puede hacer otra cosa que exultar “al que esta circundado de su gracia”.

Todo esto ahora se nos propone concretamente a nosotros que estamos invitados a testimoniar con alegría esta fe siempre nueva que alcanzamos en el encuentro con Cristo y que nos permite ver siempre con esperanza la realidad. Ciertamente este encuentro no puede ser un fin en sí mismo, sino que debe”andar”, porque la fe por naturaleza es misionera y debe encontrar a los demás a la realidad debe hacer historia, debe hacerse carne. Esta “encarnación” no genera una división en la vida de fe sino que más bien establece una profunda unidad en la existencia del hombre. A. M. Besnard nos ofrece una valiosa intuición a este respecto: “no hay que poner jamás oposición entre la oración y cualquier otra expresión de la vida de fe, porque el Reino de Dios no esta dividido en sí mismo.

En nuestra existencia nosotros debemos hacernos imitadores de Cristo conforme al reclamo de san Pablo. Como él debemos hacernos cargo de la humanidad que nos circunda y de la cual el encuentro con Cristo no nos distancia como el desierto, lugar en que Jesús se retira en intimidad con su Padre, pero que no impide a la gente acercarse a él de cualquier parte. El cristiano no puede permanecer indiferente. El amor de Cristo es el que lo empuja hacia los demás en particular hacia todos los emigrantes que la liturgia de hoy nos propone en la figura del leproso. Esta es la invitación que nos dirige Raúl Follereau en la oración contra todas las lepras (esta cita es casi obligada debido al argumento de las lecturas) invitación a con dividir nuestra vida con los leprosos del Señor: “los no aceptados, los rechazados, los inmundos que llevan la miseria del mundo como la cruz de Cristo” para no arriesgarnos a ser los verdaderos leprosos es decir “los egoístas, los impíos, los instalados que tienen miedo y que desperdician la vida”. Y concretamente para nosotros los leprosos y los marginados no son solamente los que así considera la sociedad civil o la medicina sino más bien todos los que viven alrededor nuestro y que sistemáticamente ignoramos excluyéndolos de nuestra relación por el egoísmo que determinan nuestras elecciones.

También san Pablo en la perícopa dedicada a la cuestión de los “idolotiti”, es decir de la carne de los sacrificios paganos de comunión que después podían ser ofrecidos como alimento a los cristianos nos invita “a no buscar nuestro propio interés sino el interés de los demás” (1 Cor. 10,23). De tal manera que todo contribuya a la utilidad de todos. Solamente así se construye una comunidad libre de heridas como por el contrario, no se revela tristemente la de Corinto. “Solamente la caridad edifica” (8,1). Ciertamente el primer principio del cristianismo es el de la gozosa libertad porque Cristo ha derribado toda barrera legalista. Pero a esto se somete y sobre esto puede tener preeminencia el principio de la caridad que me compromete a abstenerme aun digestos neutros en sí mismos (comer la carne inmolada a los ídolos) “por razón de los hermanos de conciencia más débil” (10,28). La Ley de Cristo no es un complejo abstracto de reglas, sino una radical y concreta elección de vida. Por lo que aunque una acción aunque sea moral puede convertirse en anti-evangélica sino tiende radical y concretamente al amor por los hermanos.


SUGERENCIAS PASTORALES

1. “Tanto la teología como la filosofía están desprovistas y sin palabras frente a este difícil complejo del mal y del sufrimiento humano causado por la naturaleza, por las personas o por las estructuras. Hay mucho dolor inocente y absurdo que no pueden ser racionalizados ética o teológicamente. La historia es testigo de la importancia del hombre para realizar el sueño de una sociedad humana libre de dolores” (Schillebeechx). El dolor es por lo tanto el campo dramático en el cual se arriesga la fe o sucede la apostasía. Es la gran ocasión de la existencia la cual hay que vivirla con un compromiso extremo y como una prueba decisiva.

2. Cristo esta sistemáticamente presente en esta zona fronteriza de la existencia humana. Su presencia es una lucha contra el mal y el límite natural o impuesto por los hombres. No conoce las alteraciones de los puritanos o los egoísmos de los muy ricos y de los pensadores. Los cristianos se deben hacer presentes exactamente allá en donde se encuentra el dolor. Allá en donde esta el mal o la imperfección (ver también el caso paulino de los idolititi) allá, el cristiano debe actuar en el compromiso cristiano es fundamental que exista una pastoral del sufrimiento y de la marginación.

3. Escribe uno de los llamados teólogos de la liberación el brasileño R. Alves: “por sí mismo el sufrimiento no es creativo, primero se debe hacer fecundo, debe dar vida a la esperanza. Es el momento en el que se da cuenta que para que el desierto se convierta en un jardín no basta solamente dar cardos y espinas sino que es necesario plantar flores y árboles frutales”. La lucha contra el mal y contra la injusticia no será suficiente sino se conoce el aspecto positivo del amor, de la misericordia, de la confianza y de la reconstrucción.

<arriba>

Aviso legal.

  -Adviento
  -Navidad
 

-Cuaresma

 

-Pascua

  -Ordinario
II | III | IV | V | VI | VII | VIII | IX | X | XI | XII | XIII | XIV | XV | XVI | XVII | XVIII | XIX | XX | XXI | XXII | XXIII | XXIV | XXV | XXVI | XXVII | XXVIII | XXIX | XXX | XXXI | XXXII | XXXIII | XXXIV
 

-Solemnidades y Fiestas

   
 

Cima y Conquistadores #700 Col. Cumbres 3er sector, Monterrey, N.L. (81)8300.4200