Ciclo B

XVIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

LECTURAS:

Éxodo 16, 2-4. 12-15
Efesios 4, 17. 20-24
Juan 6, 24-35

Un exégeta sostiene que el gran discurso de Cafarnaúm es un "midrash", o sea una homilía pascual, destinada a comentar e iluminar la Pascua cristiana, que es un nuevo y definitivo éxodo de Cristo y de la Iglesia hacia la libertad plena y total. Es cierto que la perícopa evangélica de hoy se presenta, por su propia naturaleza, como una relectura eucarística y cristológica de la famosa narración del Éxodo sobre el maná (primera lectura). Ya el libro de la Sabiduría había llevado a cabo un proceso similar de reinterpretación en la sección dedicada a la meditación sapiencial sobre el Éxodo (cc. 11-19): "alimentaste a tu pueblo con un alimento de ángeles, del cielo les ofreciste un pan ya elaborado sin fatiga, capaz de conceder toda delicia y satisfacer todo gusto" (Sab 16, 20).

Es obvio que el punto de partida para nuestra reflexión debe ser el pasaje de Ex 16. Juan evoca 13 veces la figura de Moisés y en el contexto del discurso de Cafarnaúm el maná se presenta cinco veces como símbolo de referencia al "pan de vida" (vv. 31. 32. 49. 50. 58). Ya el Sal 78, 25 lo llamaba "pan de los ángeles", mientras que el Sal 105, 40 lo define como "pan del cielo" por su calidad de don divino. También la narración de Ex 16, 4 usa la expresión "pan del cielo" invitando así al lector a superar la simple curiosidad científica sobre el maná como producto de un arbusto del desierto sinaítico, "tamerix mannifera" de cuya corteza cortada se coagulaba un líquido con fuerte poder nutritivo.

El maná en cambio, para la Biblia es un símbolo complejo. Es signo de una prueba, es la verificación de las elecciones que Israel está experimentando en el desierto: el pueblo no será abandonado si permanece sobre el camino propuesto por Dios ("yo lo pongo a prueba para ver si camina o no según mi ley", v. 4). Es signo de la palabra de Dios: "Te ha alimentado con el maná… para hacerte entender que el hombre no vive solo de pan, sino de cuanto sale de la boca del Señor" (Dt 8, 2-3). Y porque baja del cielo, sede mitológica de la habitación de Dios, el maná es signo milagroso del amor de Dios, como ya nos han sugerido Sab. 16, 20 y el Sal. 15, 25; 105, 40. En la tradición judía el maná es el alimento de la época mesiánica y escatológica: "Aquellos que honran al verdadero y eterno Dios en la era mesiánica comerán el pan dulce del cielo estrellado" (Oracoli Sibillini III, 48-49). Llegamos así a la reflexión de San Juan.

Jesús inicia con una fuerte contraposición: al "alimento que perece" (el pan) se le opone "el alimento que perdura para la vida eterna" (el "signo", es decir, el valor teológico del hecho cumplido). La misma síntesis ya estaba diseñada en el diálogo con la samaritana: al agua que todavía da sed se le opone "el agua que brota para la vida eterna" (4, 14). Es válida la lectura acerca de la multiplicación de los panes: se trata del tiempo presente, del don concreto, material e inmediato que sacia una exigencia física. Pero existe también una lectura profunda y teológica, es la lectura del tiempo "futuro" escatológico que en Cristo ya se inició ("les dará", v. 27): Cristo en el bautismo ha recibido sobre sí mismo el "sello" del Padre (1, 33; 10, 36) y se ha convertido en Revelador-Salvador por excelencia de hombre íntegro.

De la antítesis del alimento sigue la antítesis de las obras (vv. 30-34). Moisés se había legitimado delante de Israel como profeta a través de la "obra" del maná; Jesús ¿Qué hecho puede invocar Jesús como prueba de su misión divina? Jesús proclama su superioridad sobre Moisés con una declaración audaz ya que su "obra" está respaldada por un "pan verdadero, bajado del cielo" y fuente de la vida divina para el mundo entero. Este pan que agota la función de cualquier otro alimento espiritual es Cristo mismo, es él quien sacia el hambre y la sed de vida que cada hombre lleva dentro de sí mismo. Llegamos así al punto que resuelve las antítesis, la auto-proclamación del v. 35. Aludiendo a la definición de Dios descrita en el Éxodo ("Yo soy el que soy", Ex 3, 14), Jesús presenta su divinidad: "Yo soy el pan de la vida". El centro del pasaje es cristológico: El hombre prisionero de su debilidad no debe ya buscar una salvación limitada y relativa sino acogerse a Cristo para ya no tener hambre ni sed. En efecto, refiriéndose al alimento de la sabiduría divina (Sir 24, 21), Jesús se presenta como saciedad y paz para el que "viene a él" y para el que "cree en él" (v. 35).

El fundamento de la segunda lectura es también un contraste, tomada de la carta a los Efesios: el hombre viejo, símbolo del pasado, del pecado, de la soledad y de la miseria, deja su lugar en la experiencia bautismal al hombre nuevo, criatura transformada "en la justicia y en la santidad verdadera" (4, 23). Dos caminos, dos existencias, casi dos seres que se contraponen. La catequesis bautismal que la Iglesia continuamente anuncia ("han aprendido" v. 20) es una invitación a dejar para siempre esta oposición haciendo nacer a la nueva criatura. Escribía Pablo a los cristianos de la ciudad de Colosas en el Asia Menor: "Destierren la ira, la pasión, la malicia, la maledicencia y las palabras obscenas de su boca. Se han despojado del hombre viejo con sus acciones y se han revestido del hombre nuevo, que nace, con una plena conciencia, a imagen de su Creador" (3, 8-10).

SUGERENCIAS PASTORALES

1. Un maná que es alimento es un maná que es signo del amor de Dios, un pan que alimenta el cuerpo y un pan que sacia para ya no tener más hambre, una bebida que calma la sed y un agua que sacia, "que quien crea ya no tendrá sed", un hombre viejo que se disuelve y un hombre nuevo "creado en la justicia y la santidad": esta doble línea de naturaleza y de gracia son la materia de la historia de la salvación. La invitación que hoy nos dirige la Palabra de Dios es dejarnos irradiar y conquistar por el maná del amor, por el pan de vida, por el agua que calma la sed para siempre, por el hombre nuevo.

2. El "pan de vida" de Cristo es el mismo Cristo, Palabra y Eucaristía. "En la fracción del pan eucarístico, participando nosotros realmente del Cuerpo del Señor, somos elevados a la comunión con Él y entre nosotros: Ya que es un solo pan, todos somos un solo cuerpo y aunque seamos muchos, participamos todos de un mismo pan (1 Cor 10, 17)" (Lumen Gentium, n.7). En esta liturgia debemos responder en plenitud a la pregunta de los hebreos "Man-hu", "¿Qué es esto?, dirigida naturalmente al misterio eucarístico.

3. "Jesús dice a la multitud que sus esperanzas escatológicas se han cumplido: Han recibido el maná que les dio Moisés, pero este es una sombra del verdadero pan del cielo que nos da la enseñanza de Jesús" (R.E. Brown). Para Juan, hay un pan que es la Palabra de Cristo que hay que recibir con la fe en la Eucaristía. ¿Cómo viven los fieles esta liturgia dominical en sus dos dimensiones, ambas indispensables: una que es la presencia de Cristo en la Palabra (Liturgia de la Palabra) y otra que es la presencia de Cristo en la Cena (Liturgia Eucarística)?

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