| XX
DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
LECTURAS:
Proverbios
9, 1-6
Efesios 5, 15-20
Juan 6, 51-58
Es
muy notorio que San Juan al escribir su discurso eucarístico-cristológico
en la sinagoga de Cafarnaúm, ha usado temas, notas
y datos tomados de la literatura sapiencial. Es indiscutible
sin lugar a dudas, la referencia al simbolismo del banquete
preparado por la Sabiduría que está personificada
en el finísimo díptico de Prov. 9 (primera lectura).
La primera parte del díptico lo constituye la primera
lectura del leccionario del día de hoy y cierra la
invitación al banquete que dirige la Sabiduría
a toda la humanidad ("de los puntos más altos
de la ciudad", v. 3). La comida es símbolo de
comunión y de intimidad. Esto se resume en dos datos
elementales, particularmente significativos para poder acercarnos
a San Juan cap. 6, el pan y el vino, imágenes de la
enseñanza de la Sabiduría. La segunda parte
del díptico (Prov. 9, 13-18) aparece por el contrario
negativo y oscuro, y está dominada por la Locura, que
imitando a su rival, lo invita a su propio banquete. Como
se ve, resulta irónica esta personificación
de la maldad, pues tiene cátedra y tiene quien la escuche.
Y aunque los más sabios den a conocer sus planes, la
Locura tendrá siempre adeptos: la eterna y siniestra
atracción de lo prohibido es siempre sugestiva.
También
Cristo prepara su mesa y a ella invita a la humanidad. La
perícopa final del discurso de Cafarnaúm es
el pasaje de una liturgia eucarística, según
dicen los exegetas, quizá se trata del rastro de una
homilía de la Iglesia primitiva. Se trata pues, de
una meditación sobre la cena que cada Domingo se celebraba,
"partiendo el pan" (Hech 2, 42). El texto densísimo,
tiene su centro literario y teológico en el v. 55:
"Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera
bebida". Esta declaración sostiene entonces la
afirmación de la absoluta necesidad de comer la carne
y beber la sangre para tener la vida divina y resucitar el
último día. Cristo es el único salvador.
El hombre para salvarse debe estar totalmente sostenido alimentado
y transformado por Él. Es evidente también,
en este punto, el valor de la "fórmula de la consagración"
de la iglesia joánica citada en el v. 51: "El
pan que les doy es mi carne para la vida del mundo".
El
tema de la mutua inmanencia, o sea, el de la comunicación
de la vida divina en el hombre que se encuentra totalmente
injertado en Dios, es desarrollado después en los vv.
56-58: "Quien come mi carne y bebe mi sangre permanece
en mí y yo en él". La fórmula "permanece
en mí y yo en él" niega la concepción
mágica de la Eucaristía moldeada sobre los misterios
paganos y exalta, por el contrario, la dimensión personalista.
En efecto, debe de tomarse nota de la insistencia que tienen
en este pasaje los pronombres personales presentes en el diálogo:
"mío, yo, él, suyo". La Eucaristía,
por una parte, es la celebración de la "carne",
o sea, la encarnación de Cristo; por otra, es sobre
todo el reconocimiento del diálogo interpersonal y
vital que ocurre entre Cristo y el fiel. El duro realismo
eucarístico nos regresa a considerar el realismo de
la encarnación, de la cruz y de la comunión
humanidad-divinidad.
La
perícopa tomada de la carta a los Efesios (segunda
lectura) se inserta en un amplio tratado que Pablo está
desarrollando sobre las virtudes cristianas como para proponerle
al fiel casi una revisión de vida. Como en la primera
lectura, el hombre está llamado aquí también
a no dejarse guiar por la estupidez, a no desistir frente
al mal que está instalado y que continuamente emerge
de su corazón. El hombre, buscando encontrar "los
signos de los tiempos" (5, 16), tiene la posibilidad
de seguir el camino de la vida verdadera, si escucha "la
voluntad del Señor" (v. 17), si llega a discernir
tal voluntad entre tantas propuestas y reclamos que surgen
de su tiempo.
Nace
en este mundo el rostro del hombre nuevo, un hombre que sabe
que todo lo ha recibido como un don, que sabe ser amado y
que siente, por lo mismo, la necesidad de agradecer y de celebrar
a Dios (vv. 19-20). Esta alabanza coral surge de toda la comunidad,
tal y como Pablo había ya sugerido a otra Iglesia del
Asia Menor, la Iglesia de Colosas: "Enséñense
y amonéstense con toda sabiduría, cantando a
Dios con el corazón y con gratitud, salmos, himnos
y cánticos espirituales. Y todo lo que hagan, de palabras
y obras, háganlo en el nombre del Señor Jesús,
dando gracias a Dios por medio de Él" (Col 3,
16-17).
SUGERENCIAS
PASTORALES
1.
La comida es en todas
las culturas un símbolo de intimidad y de comunión.
El fiel a través de la Eucaristía está
invitado a la comunión con la Sabiduría divina
y con Cristo. No es una comunión automática,
extrínseca como por desgracia, sucede en muchas de
nuestras celebraciones eucarísticas distraídas,
rutinarias, "tradicionales". Debe ser, en cambio,
una comunión mediante la cual "se permanece
en Él", una comunión que es diálogo
y reciprocidad.
2.
La perícopa evangélica de hoy es la sección
más "eucarística" del discurso de
Jesús en Cafarnaúm. Podría ser un estímulo
para una catequesis sobre los puntos centrales del sacramento:
sacramento de la fe, sacrificio pascual, presencia de Cristo,
raíz y culmen de la Iglesia y de su vida, signo de
su unidad y vínculo de caridad, garantía de
la esperanza y de la gloria futura.
3.
La comunión eucarística transforma al creyente,
lo hace himno de alabanza (ver Ef. 5), lo hace Cuerpo de
Cristo y su Palabra viviente ("Quien come mi carne
permanece en mí y yo en él"). Es necesario
un examen de conciencia para verificar la real incidencia
de la Eucaristía en la existencia del cristiano y
de la Iglesia, para que verdaderamente la Eucaristía
y la Palabra, acogidas en la liturgia dominical, lleguen
a ser alimento y alma de la "viva cotidiana" semanal.
De otro modo sería profundamente verdadera la objeción
del filósofo ateo Nietzsche: "Si la buena nueva
de su Biblia estuviera también escrita en su rostro,
no tendrían ustedes necesidad de insistir, tan obstinadamente,
para que se crea en la autoridad de este libro. Las obras
de ustedes, sus acciones, deberían hacer casi superflua
la Biblia, porque ustedes mismos deberían constituir
continuamente la Biblia nueva".
<arriba>
Aviso
legal.
|