| XXI
DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
LECTURAS:
Josué
24, 1-2a. 15-17. 18b
Efesios 5, 21-32
Juan 6, 60-69
Dentro
la trama del evangelio de Marcos leída durante todo
el año este Domingo se concluye la "inserción
joánica". El intercalar estos domingos con el
Evangelio de San Juan (cinco domingos), ha tenido el objetivo
de profundizar teológicamente (cristología y
eucaristía) el milagro de la multiplicación
de los panes. La parte final que se lee hoy, es casi una acción
simbólica que comenta el discurso-diálogo precedente
tenido por Jesús en la sinagoga de Cafarnaúm.
Sea la Eucaristía como la encarnación ponen
al hombre frente a una elección decisiva. El espacio
de esta decisión-división se hace en el interior
de la Iglesia. Se trata de los discípulos (6, 60. 61.
66) que abandonan el seguimiento de Jesús. Es lo que
los exegetas han llamado la "crisis galilea", crisis
provocada por la desilusión de las esperanzas nacionalistas
puestas en Jesús por parte de los galileos entusiastas.
El entusiasmo de la multitud después de la multiplicación
de los panes había tomado colores casi de una insurrección
política con carácter popular. Jesús
manifiesta su rechazo sobre del entusiasmo envolvente de esta
población, constantemente humillada bajo el peso del
imperialismo romano, que cae como un baño de agua fría.
Además, la crisis galilea no queda sólo como
una experiencia histórica de la vida de Jesús,
sino que se convierte en una constante también para
la Iglesia apenas naciente. Es la crisis de la decisión
de fe a favor o en contra de la humildad de la encarnación,
de la cruz y de la Eucaristía. La palabra de Jesús
será siempre una espada que divide y que juzga.
La
escena de Jos. 24 (primera lectura) es el paralelo perfecto
para ilustrar la importancia de la libertad de decisión
en la construcción de una fe y de una comunidad auténtica.
Propiamente el Pentateuco está encerrado en miniatura
en el gran "Credo" que Israel escucha en la primera
parte del c. 24 (vv. 1-13). Estamos en Siquem, centro de la
confederación de las tribus que llegaron a la Tierra
prometida; habla Josué el representante de Dios. El
primer protagonista de la alianza, el Señor, ofrece,
una serie de intervenciones salvíficas, que destacan
su presencia en la historia humana, tal como Jesús
hizo en Cafarnaúm. A estos sucesos el pueblo debe responder
libremente. Este es el sentido del largo diálogo entre
Josué y el pueblo de Israel del que la liturgia de
ha extraído hoy solamente un fragmento. La respuesta
está formulada sobre la base de un verbo típico.
Por 14 veces (el número de la plenitud y la perfección)
resuena el verbo servir. "Servir" en el vocabulario
bíblico significa adherirse libre y gozosamente al
Dios verdadero abandonando al "servir" idolátrico
de la esclavitud egipcia; Significa seguir solamente su camino
y aceptar enérgicamente su propuesta; Significa amarlo
con todo el corazón, con toda el alma y con todas las
fuerzas (Dt 6, 5), temerlo, reconociendo su trascendencia;
Significa creer en Él.
El
versículo central del texto de San Juan sobre la cual
se desenvuelve el "quererse ir" es el v. 63: "Es
el Espíritu quien da la vida, la carne para nada aprovecha".
Aunque se presta a muchas interpretaciones, esta frase puede
ser la clave de interpretación de la decisión
de los dos grupos, o sea de la crisis. La comprensión
que supera el puro nivel humano (la "carne") y que
se coloca sobre el nivel del Espíritu, es la que vivifica,
porque hace que el hombre se encuentre con las palabras de
Jesús que son espíritu y vida, como dice San
Pedro: "Tú tienes palabras de vida eterna"
(v. 68). "Los discípulos que han rechazado la
fe y sus consecuencias han seguido solamente el razonamiento
humano, mientras que los Doce, por boca de Pedro, han seguido
al Espíritu que los conduce a la confesión mesiánica
y, después de la resurrección y el don del Espíritu,
también a la confesión de la divinidad de Jesús
(20, 28)". (G. Segalla).
Llega
a su fin, también hoy, la lectura de la carta a los
Efesios con un pasaje clásico para la teología
del matrimonio cristiano. Este "código moral de
la familia" inicia con los compromisos de la mujer formulados
en los vv. 21-24 con una cierta sensibilidad para el mundo
femenino, sin embargo, el contexto cultural y sociológico
decididamente "machista", como se puede intuir del
tema de la "sumisión", ligado al ambiente
greco-romano y semítico. El compromiso del marido (vv.
25-30) está sostenido por un altísimo paralelismo,
el amor de Cristo por su esposa, la Iglesia. El modelo es
totalizante: es Cristo en la donación absoluta de su
sacrificio. Se retoma, así, el simbolismo profético
que en la alianza nupcial había intuido un camino para
conocer el comportamiento de Dios en relación al hombre
(Os 1-3; Jer 2, 2; 3, 1. 6-11; Ez 16, 23; Is 54, 1-10; 61,10
- 62, 5).
La
Esposa-Iglesia es de una belleza ideal porque ha sido purificada
por Cristo en el baño bautismal y en la Palabra de
Dios. El amor "estético" Cristo-Iglesia debe
convertirse en el modelo del amor "estético"
hombre-mujer (vv. 29-30): es el esplendor de una pureza que
anula cualquier pantalla interpuesta entre las dos personas,
llevándolas de nuevo a la unidad celebrada en el Génesis
(v. 31).
SUGERENCIAS
PASTORALES
1.
La opción fundamental,
o sea, la decisión que define la historia auténtica
de cada persona está en el centro del leccionario
de hoy. Se trata de una elección con frecuencia dramática,
lacerante, vivida repetidamente. La decisión del
escándalo de la pobreza y de la humildad contra la
ilusión del orgullo y del poder, la decisión
por el Dios viviente y exigente contra los ídolos
muertos pero cómodos y, si queremos incluir la segunda
lectura, la decisión por el amor total contra el
egoísmo en la vida eclesial y matrimonial.
2.
La libertad es el corazón de la fe y de la moral.
Hemos visto que el "servir" bíblico significa
adhesión personal y espontánea. El "¿quieren
irse también ustedes?" de Jesús es iluminador.
No se construye jamás una fe verdadera si no es sobre
la plena educación en la libertad. Una libertad no
sólo de algo o de alguien, o sea, de los condicionamientos
externos e internos (aspecto negativo aunque fundamental
de la libertad) sino también libertad para algo y
sobre todo para alguien, en la donación positiva
a Dios y a los hermanos. La libertad de Jesús debe
ser contagiosa también para el cristiano, debe incluir
a las personas, a las instituciones y ser el alma de la
Iglesia.
3.
La libertad es un riesgo. Puede también desembocar
en la traición (Judas, los discípulos que
"abandonaron"; el Israel pecador). La medida de
la auténtica libertad es el amor (Ef. 5). De la Ética
di Bonhoeffer: "Responsabilidad y libertad son conceptos
que se corresponden recíprocamente. La responsabilidad
presupone la libertad y ésta no puede subsistir si
no es en la responsabilidad. La responsabilidad es la libertad
dada a los hombres únicamente por la obligación
que los relaciona con Dios y el prójimo".
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Aviso
legal.
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