Ciclo A

IV DOMINGO DE PASCUA

LECTURAS:

Hechos 2, 14ª.36-41
1 Pedro 2, 20-25
Juan 10, 1-10

Según el esquema que indicamos en el domingo pasado, continuamos escuchando el testimonio vivo que nos ofrece la iglesia pascual. Se trata de un fragmento posterior al discurso de Pentecostés de San Pedro (Hechos 2,36-41: I lectura) que casi al final se transforma en un diálogo con el auditorio. Todavía domina la figura de Cristo glorificado en el centro de la proclamación misionera del apóstol: exaltado por el Padre como Señor, a quien le ha dado todo poder y todo don de salvación (v. 36). Nadie puede permanecer neutral frente a la revelación que Dios realizó en Cristo resucitado. Los que escuchaban reaccionaban con una pregunta típica que usaban mucho los catecúmenos en el rito de admisión al bautismo: "¿qué debemos hacer?" (v.37). El contraste de las expresiones de San Pedro: "Dios lo ha constituido" y "vosotros lo habéis crucificado" penetra en el corazón de aquel que está buscando a Dios con un corazón sincero: para ellos comienza una nueva experiencia de vida basada en su decisión ("hacer") y San Pedro les ayuda con un programa de conversión cristiana que refleja una catequesis moral de la iglesia primitiva con sus cuatro elementos. El primer elemento indispensable es la conversión. Esta conversión orienta al creyente hacia el bautismo "en el nombre de Jesús" y lo implanta en la comunión salvífica con el Señor en lugar de hacerlo en un rito de purificación simbólica. Del bautismo (segundo elemento) que consiste en la efusión del Espíritu Santo libertador, brota el tercer elemento, es decir, el perdón de los pecados: la ruptura con el mal no es un proceso psico-social ni solamente una decisión personal, sino que se trata de un don de Dios que saca al hombre del dominio del pecado. De esta manera, el Espíritu de Dios (cuarto elemento) penetra en el creyente y éste se transforma en una nueva creatura animada por un nuevo principio sobrenatural. Así es como ha nacido el nuevo pueblo mesiánico que "acoge la palabra" (v.41).

Hay otra catequesis bautismal que, aunque está en la segunda lectura, también se refiere a la figura de San Pedro (I P 2, 20-25). Aquí domina la presencia de Cristo que se celebra en un breve himno que contiene tres imágenes del A.T. (el cordero pascual, el siervo sufriente, y el chivo expiatorio de la liturgia de la expiación). La contemplación de Cristo paciente y glorioso, contenida en el cuarto poema del Siervo (Is. 53), genera en el creyente un compromiso de vida. El sufrimiento al que el creyente se somete constantemente, ya no es una maldición, sino por el contrario encierra en sí mismo un misterio de fecundidad. Nosotros hemos sido curados admirablemente por sus cicatrices sangrantes (v. 24): con nuestra pasión, podremos continuar la fuerza salvífica de su pasión.

El fragmento de San Pedro termina con otra imagen clásica en el mundo bíblico: la del pastor y la grey (Is. 53,6) utilizada también en el poema del Siervo que posteriormente reelaboró en su carta. San Juan construye finamente la misma simbología en un discurso que está ambientado en la fiesta de la dedicación del templo. La liturgia ha tomado el popular nombre de "Domingo del Buen Pastor", por esta solemne imagen que ocupa la perícopa evangélica de hoy. La riqueza teológica del cuarto evangelio no puede quedar simplemente circunscrita a un esquema, aunque sus referencias sean sutiles y supongan un constante trasfondo bíblico (Dios pastor en el Éxodo; el contraste entre los jefes del pueblo y el Mesías verdadero pastor en Ez. 34; la teología del Templo etc.). El texto de Juan se desarrolla a través de un movimiento que pasa por la revelación, la incomprensión del auditorio, y finalmente una nueva revelación. Este procedimiento es característico de la literatura apocalíptica. En los sinópticos el tema pastoral subraya el cuidado por la grey y la alegría de la conversión (Lc. 15. Mt. 18), en cambio San Juan trata la celebración de la relación personal de intimidad entre el pastor y la oveja. La parábola-alegoría que nos propone tiene una alta "concentración" cristológica. La primera revelación (vv.1-5) se presenta con el contraste de Jesús buen pastor y los mercenarios que solamente tienen en el corazón sus propios intereses, y por ellos sacrifican a la grey de la que son responsables. La acción del pastor se puntualiza con mucha atención: Él "entra por la puerta" porque su relación con la grey es de intimidad; la oveja escucha con adhesión y fe ("ellas conocen su voz") su vocación ("llama") que es personal ("una por una") y específica ("por su nombre"). El pastor hace que la grey haga un éxodo hacia los pastizales ("hace salir") los guía y los acompaña constituyendo de esta forma la comunidad pascual de los redimidos y de los discípulos que "siguen" a Cristo pastor.

Después de la incomprensión (v.6) Jesús hace una segunda y más elevada revelación (vv.7-10). Mientras Jesús hablaba, posiblemente veía a los hebreos atravesar "la puerta de las ovejas" que entraban al atrio del templo para encontrarse con el Señor en la oración. Jesús exclama con un ardor casi blasfemo para los judíos: "Yo soy la puerta de las ovejas" (v.7). El se propone a sí mismo como el nuevo templo en el cual se entra plenamente en comunión con Dios. El es la "tienda de carne" (Jn.1, 14) de la presencia divina y a la vez es la mediación indispensable (la puerta) para alcanzar a Dios. Si nos fijamos después en la expresión "yo soy", ésta hace alusión a la revelación del nombre de Dios ("yo soy el que soy", Ex. 3, 14) inmediatamente se entiende que esta revelación es una grande auto-proclamación de divinidad. De la fe en Cristo, templo perfecto de Dios, se deriva una triple consecuencia: "Si uno entra se salvará": El que opta por "adorar" en "Espíritu y en Verdad" (Jn. 4,23), es decir en Cristo, participa plenamente de su vida y por consecuencia se encuentra con la salvación definitiva. Y posteriormente él "entrará y saldrá". Estos dos verbos contrarios en el lenguaje semítico indican los dos polos extremos de la vida que es un "salir" del seno materno para "entrar" en el mundo, y al final, un "salir" de la vida para "entrar" en la tierra. Tomando estos dos polos se engloba la realidad comprendida entre ellos, por consiguiente el creyente conducirá toda su existencia con Cristo; estará en comunión con Él en todo. Por último, el fiel sabe encontrar el alimento (v.9), sabe obtener de Cristo la saciedad de todas sus esperanzas, sabe conquistar la plenitud de los bienes mesiánicos. En efecto, muy distinto de la oscura figura del "ladrón", Cristo ha venido para darnos la vida y la alegría: "Yo he venido para que tenga vida y la tengan en abundancia" (v.10).

SUGERENCIAS PASTORALES

1. "El centenar de libros que he leído no me han dado tanta luz como me la dieron los versículos del Sal. 23: El Señor es mi pastor, nada me faltará; Aunque pase por sombras y por tinieblas nunca temeré ningún mal porque tú estás conmigo". Esta confesión del filósofo H. Bergson puede ser el trasfondo de esta liturgia del buen pastor. Se trata de un canto de serenidad y de confianza, a pesar de estar en medio de la oscuridad en el itinerario de la vida y a pesar de encontrarse entre peligros por los asaltos de los mercenarios. El 6 de junio de 1944 como nos cuenta C. Ryan en su best-seller El día más largo, durante el desembarco aliado a Normandía, un canadiense se puso a leer en voz alta el salmo 23 para calmar la tensión de sus compañeros. La palabra decisiva del salmo se encuentra precisamente en aquel "Tú estás conmigo" del v.4. El Dios- Emmanuel es nuestra esperanza, es la raíz de nuestra confianza en la vida y en la historia.

2. Los verbos de la perícopa de Jn. 10 son todos muy sugestivos: "entrar" indica la comunión, "escuchar" supone la adhesión de la fe, "conducir" delinea la seguridad de la guía, "caminar-seguir" sugiere la cercanía en la vida y en sus oscuridades, "conocer" es el vértice del abandono en la fe y en la mística. Tenemos por consiguiente, un evangelio con múltiples referencias a la experiencia cristiana en sus estructuras más fundamentales. El tema de la "conversión": "arrepentíos…" habéis tornado al pastor de vuestras almas se subraya en la segunda lectura como un componente especial.

3. Hay pastores visibles que representan la encarnación de la mano amorosa del Pastor Supremo que es invisible. Por consiguiente existe la presencia de Dios en el interior de las diferentes estructuras pastorales de la iglesia. Pero también existen mercenarios visibles, fuente de corrupción y de muerte. Tengamos presente sólo uno, un terrible pastor. Está citado en una desacralización de Sal. 23 hecha por un joven drogadicto de Harlem: "La heroína es mi pastor, de ella siempre tendré necesidad. Me conduce a una dulce demencia, destruye mi alma. Me conduce por el camino del infierno por amor a su nombre. Si, aunque camine por el valle de sombras y de muerte, no temeré ningún mal, porque la droga está conmigo. Mi jeringa y mi aguja me traen la salvación…".

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