Ciclo B

IV DOMINGO DE PASCUA

LECTURAS:

Hechos 4, 8-12
1 Juan 3, 1-2
Juan 10, 11-18

Este domingo, como cada tercer año en el leccionario, está dedicado a la celebración de Cristo Buen Pastor, es decir, del guía y compañero de viaje de su comunidad creyente. El texto evangélico clásico es obviamente el cap. 10 de San Juan, ambientado en el contexto de la fiesta de la Dedicación del Templo realizada por los exiliados de Babilonia (515 a.c.) e instituida por Judas Macabeo en el 165 a.C. El cuarto Evangelio prefiere colocar la revelación de Jesús y sus "signos" en el ámbito del calendario litúrgico hebreo, como para hacer resaltar la tensión hacia Cristo. También aquí Jesús auto declarándose "Puerta de las ovejas", alude al Templo y se presenta como el templo perfecto (2,21) en el cual se puede "adorar al Padre en Espíritu y verdad" (4, 23).

En la perícopa actual el discurso de Jesús se centra sobre la figura del buen pastor, reforzada dos veces con la clásica fórmula de San Juan de auto revelación: Yo soy, cargada de alusiones a la revelación divina en la zarza ardiente (Ex. 3 "Yo soy aquel que soy"). A las dos proclamaciones de divinidad de Cristo siguen dos discursos muy breves. El primero (vv.11-13) está estructurado, según la técnica dualista de San Juan, sobre una antítesis: "pastor-mercenario". El fondo oscuro del mercenario que fracasa a la hora del peligro, que encarna la oposición amenazante, orgullosa e interesada de los "Judíos", sirve para iluminar por contraste, la imagen del pastor verdadero al cual es dedicado un segundo discurso en los vv. 14-16.

Jesús, bajo la tradicional simbología pastoral (cfr. Por ejemplo Ez. 34) delinea positivamente la relación de íntima comunión que lo une a sus fieles. El "conocer" es precisamente en el vocabulario bíblico la expresión viva y casi corpórea de este contacto personal, de este diálogo de amor. Jesús ha amado a los suyos en el mundo y les ha amado hasta el extremo (13,1): por esto los vv. 17-18 anuncian una lectura de la Hora de Jesús, o sea, su pasión-muerte-glorificación, como gesto de amor del verdadero pastor por su rebaño. Es una donación voluntaria representada con la imagen del vestido que uno "deja" y "vuelve a tomar". Es una donación fecunda porque la gloria pascual ilumina y da sentido a la inmolación sacrificial de la muerte. "No hay amor más grande que el de aquel que da la vida por la persona que ama" (15, 13). No es sólo un gesto heroico, puesto que en Cristo la muerte es el camino a la gloria pascual, la liberación plena que Dios ofrece a la humanidad.

Este primado absoluto de Cristo para la salvación está declarado de otra manera por la Iglesia de Jerusalén en boca de San Pedro durante su arenga ante el Sanedrín (Hech. 4; primera lectura). "En ningún otro hay salvación; no hay en efecto otro nombre dado a los hombres bajo el cielo en el cual está establecido que podamos ser salvados" (v.12).

Ante los "mercenarios" del Sanedrín, San Pedro presenta la figura de Jesús pastor y templo perfecto. En efecto la cita del Sal. 118, 22 ("la piedra que desechasteis vosotros los constructores, ha llegado a ser la piedra angular"), aplica a Jesús lo que estaba dicho del templo, destruido y reconstruido, odiado por los enemigos y sin embargo siempre vivo y resplandeciente. Cristo se vuelve así punto de cohesión, la "piedra angular", en torno al cual se une todo el edificio de la historia y de la humanidad redimida. Como ya había precisado San Pedro en su discurso de Pentecostés citando al Profeta Joel (3, 5): "Quienquiera que invoque el nombre del Señor será salvo" (2,21). "Invocar el nombre" significa adherirse plenamente a una persona; es, por lo tanto, el paralelo exacto del "conocer" que media entre pastor y rebaño.

El hombre, entonces, circundado de este amor de Dios, se vuelve como Cristo "hijo de Dios". Es el tema de la segunda lectura una vez más tomada de la primera carta de San Juan. En este fragmento también hay un "conocer" que une al fiel a Dios. Este verbo se usa, según el ya mencionado dualismo de San Juan, en términos negativos, porque indica la fractura incurable que existe entre "el mundo" que es un símbolo de la opción por la incredulidad y el Padre. En cambio, para el creyente, el "conocimiento" de amor de Dios crea la filiación. Esta se lleva a cabo en dos etapas, así como en dos fases se desarrolla el "conocer". En el v. 1 se usa el verbo en presente y en aoristo: hay una intimidad inicial, pasada, bautismal y hay una intimidad en continuo y progresivo crecimiento. Así hay una filiación divina realizada ya desde ahora (v. 2) en la existencia cristiana presente (Jn. 1,12; 3,5; 2 Cor. 3, 18) y hay una filiación plena y definitiva en la que "seremos semejantes a él porque lo veremos tal como él es". "Vosotros estáis muertos y vuestra vida está ahora escondida con Cristo en Dios. Cuando se manifieste Cristo, vida vuestra, entonces también vosotros apareceréis con él en la gloria" (Col. 3, 3-4).

SUGERENCIAS PASTORALES

1. Cristo es el Pastor, es decir, el centro de la unidad y de coordinación de la Iglesia, es la Piedra angular que sostiene y da solidez a la comunidad de los fieles. Nuestra paz nace de tener este guía. Un guía que se ha hecho presente en medio de nosotros a través del cuerpo de Cristo, instrumento de revelación para el hombre, y que ahora se hace presente a través de su cuerpo que es la Iglesia. Por eso, el día de hoy también nos invita a una reflexión sobre la Iglesia y su misión pastoral. "En la Iglesia está el cuerpo de pastores instituidos que tienen la ordenación, el encargo, por tanto la gracia del 'magisterio', la jurisdicción espiritual… Pero hace falta evitar separar -incluso en la distinción- la acción de los laicos y el ministerio profético de la enseñanza, no sólo porque la acción de los laicos viene en cierta medida guiada por este ministerio, sino porque ésta lo provoca, a veces lo inspira y le hace entender los signos de los tiempos" (Y. Congar, Un pueblo mesiánico, Queriniana 1976).

2. Al Pastor y a su grey se oponen en un díptico antitético el mercenario, y el poder autocrático del Sanedrín (1ª. Lectura), el mundo puesto en tinieblas. La experiencia de la Iglesia es también la de la soledad y del mal que la ataca e intenta infiltrarse. La página de Jn. 10 es también un llamado a la pureza de la fe en Cristo Pastor sin dejarse atraer por las seducciones mercenarias del poder.

3. La relación entre Pastor y grey está remarcada en todas las lecturas por un verbo de intimidad, conocer. Es el conocer que el mundo no posee, es el "ver a Dios tal cual es" (1 Jn.); es el conocer las ovejas y ofrecer por ellas la vida" (evangelio); es el "Nombre que salva" del discurso de San Pedro (1ª. Lectura). La vida de la Iglesia es un contacto personal con Cristo, es una experiencia de comunión y de diálogo. "El Cordero de Dios no ha venido como León ni como Lobo. Él ha recorrido la vía estrecha y nos ha donado la esperanza de poder evitar todo esfuerzo titánico humano, para estar con él en el amor" (H. U. Von Baltasar, de: El Todo en el Fragmento).

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