Ciclo C

V DOMINGO DE PASCUA

LECTURAS:

Hechos 14, 21-27
Apocalipsis 21, 1-5a
Juan 13, 31-33ª.34-35

La lectura de los Hechos es un dato constante y distintivo del leccionario pascual. Hoy se nos invita a seguir a los primeros misioneros cristianos en sus peregrinaciones a través de las ciudades del altiplano anatólico (Derbe, Listra, Iconio y Antioquia), ciudades aún hoy incluidas en los itinerarios más completos de peregrinos y visitantes que van en pos de "las huellas del Apóstol de las gentes". En el diseño teológico que San Lucas nos ha dejado de esta actividad misionera se pueden individualizar algunos componentes fundamentales. El primero es de tipo espiritual, parenético y pastoral y se subraya en repetidas ocasiones desde el v. 22 de nuestra perícopa: animar, exhortar a permanecer en la fe, pasar por muchas tribulaciones. De la misma manera que Cristo tuvo que recorrer el camino oscuro del sufrimiento y de la muerte para entrar en la gloria de la resurrección, así también el discípulo debe pasar por el camino arduo del rechazo y de la persecución. Cuando Jesús quiso esbozar el retrato de quién pretendiera ser su discípulo recurrió a una definición iluminadora que encontramos en San Lucas: "Ustedes son los que han perseverado conmigo en mis pruebas; yo, por mi parte, dispongo un Reino para ustedes, como mi Padre lo dispuso para mí" (Lc 22,28-29).

El segundo componente, en cambio, está representado por la institución de los presbíteros responsables del trabajo pastoral de cada una de las comunidades (v. 23). Este es el elemento estructural e institucional de la iglesia local. Los presbíteros son "instituidos" por los apóstoles durante una celebración litúrgica ("después de haber orado") y penitencial ("después de haber ayunado"), pero son "confiados" al único verdadero Pastor, el Señor. El que guía a sus discípulos por medio de los presbíteros es Cristo mismo; él es quien garantiza un futuro a la comunidad. Con esta "ordenación" concluye el primer recorrido misionero y los testigos de Cristo se reencuentran en Antioquia para verificar el trabajo pastoral realizado y sobre todo para alabar y celebrar la eficacia de la palabra de Dios que se difunde más allá de las fronteras del Judaísmo: "Dios, por medio de ellos, les había abierto la puerta de la fe a los paganos" (v. 27).

La Iglesia del cielo, "la nueva Jerusalén", de la que se habla en la segunda lectura tomada del capítulo 21 del Apocalipsis (v. 2) está relacionada con la iglesia peregrina en la tierra. Ya está abierta la última página de esta obra de fe y de esperanza. Superadas todas las fuerzas histórico-sociales negativas, derrotada la ciudad pagana y secular, la Babilonia-enemiga de la iglesia, eliminados los potentados en quienes se encarnan las fuerzas sociales negativas, neutralizada toda raíz demoníaca de la era presente, aparece por fin el momento culminante de la historia de la salvación, la Jerusalén perfecta que ilumina y sostiene los pasos de los que marchan por el camino oscuro de la historia presente y de sus tribulaciones. Este clímax del libro de san Juan se inaugura con la re-creación de un cosmos nuevo y perfecto (v. 1; cfr. 2 P 3, 13) en cuyo centro destaca como polo universal de atracción, la nueva Jerusalén. En ella la Shekinah, es decir la presencia de Dios en el templo, será total y será objeto de gozo pleno para todos los salvados. El concepto del arca del Éxodo, el tema del Templo y la encarnación de Cristo en la "tienda" de su cuerpo carnal se funden aquí completamente y hacen plena realidad el significado del nombre "Emmanuel" que Cristo asumió: "Él será Dios-con ellos" (v. 3).

Desaparecida la muerte, eliminadas las lágrimas y los sufrimientos, liquidadas todas las fuerzas hostiles y negativas, se inicia la renovación mesiánica ("yo hago todas las cosas nuevas" v. 5) en comunión cara a cara con Dios y en plenitud de vida individual y comunitaria. Se habrá realizado entonces el proyecto creador que Dios había diseñado desde los inicios de la creación (Gen 1 y 2). Teniendo fijos los ojos en este gran cuadro de su destino final, la Iglesia camina confiada a través de las sendas tortuosas y lóbregas de su peregrinar terrestre, "ya que no tenemos aquí ciudad permanente, sino que andamos buscando la del futuro" (HB. 13,14).

La comunidad presente y futura, sin embargo, está unida por un distintivo común, el amor, dato que constituye el componente temático fundamental de los complejos "discursos de despedida" del evangelio de San Juan. La perícopa de hoy cierra la escena del anuncio del traidor que acababa de salir del cenáculo aquella noche (13,30). Jesús comenta este episodio anunciando su destino final que desde este momento empieza a desenlazarse: es su glorificación (vv.31-32) que en el léxico de San Juan indica la exaltación pascual del Cristo crucificado y resucitado, fuente de nuestra salvación. En la cruz de Cristo se revela la Gloria, la doxa-kabod bíblica, la más plena presencia de Dios trascendente en medio de la humanidad.

Después de este comentario Jesús propone a sus "hijitos" (v. 33: es la única vez que en el cuarto Evangelio Jesús se dirige a sus discípulos con este término) su "mandamiento nuevo", el del amor. Es nuevo porque constituye el único y radical compromiso de la "nueva alianza" instaurada por Jesús (cfr. Jer 31,31-34). Es un amor recíproco ("los unos a los otros") por lo que nadie es superior a los otros y todos tienen necesidad del amor de los demás. Es un amor de una ecuación paradójica: Ya no "amarás a tu prójimo como a ti mismo" (Mt 22,39), sino "como yo los he amado", es decir con la misma completa y absoluta donación de Cristo, Hijo de Dios. Es un amor que tiene sus orígenes en Cristo mismo, quien de esta manera es no sólo la fuente de nuestra salvación, sino también el modelo y el alma de nuestro amor. El amor es, en última instancia, la credencial que nos identifica como miembros de la comunidad de Cristo y es el testimonio más vivo y eficaz del paso del Hijo de Dios en medio de nosotros. Se comprende entonces que ninguna otra definición de la Iglesia es más apropiada y más estimulante que la que se ofrece en Hch. 4,32: "La multitud de los creyentes no tenía sino un solo corazón y una sola alma. Nadie llamaba suyos a sus bienes, sino que todo lo tenían en común".

SUGERENCIAS PASTORALES

1. La Iglesia terrena vive una experiencia que es como la de todos los seres humanos, pasando a menudo por etapas llenas de dificultades y crisis. Escribía Teilhard de Chardin: "El hombre ha creado entre las aguas negras y frías, una zona habitable donde hay claridad y hace calor. Pero ¡qué precaria es esta morada! A cada instante la Cosa terrible irrumpe: incendios, pestes, tempestades, terremotos, desencadenamiento de fuerzas morales obscuras que arrastran consigo en un instante todo lo que el hombre había construido y adornado". La Jerusalén terrestre lleva su fragilidad y sus limitaciones dentro de sí misma. Se necesita constancia, se requiere esperanza, "hay que pasar por muchas tribulaciones para entrar en el Reino de Dios".

2. La Jerusalén celestial, "el cielo nuevo y la tierra nueva" de Apoc. 21 (segunda lectura) es, por otra parte, una realidad que esperamos, pero que ya ha sido inaugurada por la resurrección de Cristo. Todos los seres humanos, y en especial todos los creyentes, deben trabajar con Dios para que este reino de justicia y de paz crezca cada vez más en las estructuras actuales.

3. El alma de este trabajo por el Reino, el alma y la ley de la Jerusalén celestial es el amor. Un amor total, teológico y "social", temporal y eterno. La comunidad cristiana es invitada hoy a una autocrítica severa respecto a los atentados contra el amor y la justicia que se cometen en su interior. El mandato es "nuevo", dice Jesús en el evangelio de hoy; su iglesia no deber ser "vieja" y estar ligada a la antigua lógica del dominio y del triunfo. "Sean misericordiosos como misericordioso es su Padre" (Lc 6,36). " ¡Oh, qué bueno, qué dulce habitar los hermanos todos juntos!". "Es como un ungüento perfumado en la fetidez del mundo, es como rocío fresco en el desierto árido del odio" (P. Claudel; cfr. Sal 133).

<arriba>

Aviso legal.

  -Adviento
  -Navidad
  -Cuaresma
  -Pascua
A Resurrección del Señor | II | III | IV | V | VI
B Resurrección del Señor | II | III | IV | V | VI
C Resurrección del Señor | II | III | IV | V | VI
 

-Ordinario

 

-Solemnidades y Fiestas

   
 

Cima y Conquistadores #700 Col. Cumbres 3er sector, Monterrey, N.L. (81)8300.4200